jueves, 11 de septiembre de 2014

Amistad

"Cuando digo "amistad" hablo de sentimientos, de ternuras, alegrías, ese afecto sin más interés que el de permanecer cerca y darse amor. Relaciones amistosas con hijxs (en mi caso, hijas), vecinos, parientes, compas... haya o no lazos de sangre, el placer de conocerse, comprenderse, estimularse y disfrutarse en los encuentros."(María Delia Matute, 6-6-11)

martes, 2 de septiembre de 2014

Sin título

Me suenan tus palabras
a veces como a desgarro;
a insoportable agujero
donde caen, insalvables,
mis jubilosas ganas.
Cómo perdemos todo,
cuánta pérdida inútil
hasta encontrar la muerte.
Aprendiendo inútilmente
a recobrar la nada.
Pero es en esa pérdida
de límites y nombres,
de ecos y de origen,
de rasgos y miradas,
mientras nos queda vida
donde encontrarnos
alguna punta al hilo
para empezar de nuevo.
Y entonces aprender
que es posible
que me quieran...
sin nombrarme.
Que quien me está acariciando
me crea nuevos rasgos,
que cada amanecer es un origen
y que sentir, aunque duela,
es un gran paso.
Y que una disculpa alcanza,
si se la elige a tiempo,
para empezar de nuevo
antes de que sea tarde.

MARÍA DELIA MATUTE
(1984)

miércoles, 13 de agosto de 2014

Silbo de soledad

https://soundcloud.com/marina-sdb/silbo-de-soledad#play

SILBO DE SOLEDAD

Fiero temor me daban las espinas,
como da miedo, amor,
lo que lastima...
pero, al cabo, la rosa y tu mirada
todo temor borraron
de mi vida...

Mira bien:
mi corazón ya es querencia
del sinsabor con que vivo.
Ni puede con el motivo,
ni puede con la dolencia,
ni podrá con tu presencia
después de tan largo olvido.

Tocar a fondo el fin de la alegría,
sin saber que el final
no es todavía,
porque aún nos queda
gastar toda la vida
atada a una esperanza ya vacía...

Mira bien:
mi corazón ya es querencia
del sinsabor con que vivo.
Ni puede con el motivo,
ni puede con la dolencia,
ni podrá con tu presencia
después de tan largo olvido.

María Delia Matute

Salto y vuelo. Es el tiempo, dicen.


Durante los últimos días, he tenido un sueño recurrente. Atravieso situaciones de parto y es Delia mi partera. Me toca la panza, me besa la frente, me acaricia los ojos, me alivia el dolor. A veces nacen pájaros. Otras nacen serpientes y todo es pesadilla. Pero Delia siempre sonríe y me dice "va a llegar, va a llegar, va a llegar". Su voz suena nítida, susurrante me habla siempre cerca de la oreja.
Hoy a la madrugada, en ese sueño recurrente, yo me paría a mi misma. Y Delia me alzaba en andas y bailaba. Reía. A carcajadas reía.
Y yo, la que había parido, reía con ella.
Y yo, la que había nacido, berreaba en sus brazos.
Delia me miraba y reía. No hablaba, pero yo en el sueño sabía que me decía "llegó, llegó, llegó". Lo sabía por esas cosas que en los sueños se saben porque sí.
Me desperté entre llantos y sonrisas.
Las sensaciones de lo onírico habitaban la corporalidad de mi existencia.
Dos años, dicen los que saben. Dos años es el tiempo, dicen los que saben.
He parido pájaros, serpientes y demonios.
He parido sinsabores y sonrisas.
He parido muerte y vida.
En cada uno de esos partos ella me ha asistido. Antes y ahora. Como antes, como siempre.
Es el tiempo, dicen. Dos años, dicen.
Salto entonces desde el útero mismo del dolor y emprendo un vuelo de bautismo.
Es el tiempo, dicen.
Si he podido hasta ahora es que se puede.
Seguiré pariendo. Incomprensible. Inentendible.
Dos años.
Es el tiempo, dicen.
¿Cuál tiempo?, me pregunto.
Y Delia me responde, alzándome en andas.
Y yo recién parida y pariéndome a mí misma, no entiendo. Pero salto. Y vuelo.

(13 de agosto, a dos años exactos de su ausencia. Que es el tiempo del duelo, dicen).


martes, 5 de agosto de 2014

Para siempre domingo

Aquel 5 de agosto fue un domingo. Helado domingo. Lluvioso domingo. Un domingo más domingo que todos los domingos de la vida. Promediando la tarde, la noticia de la muerte de la Gran Chabela le ponía un poco más de frío a la cosa. A las 17.26 de ese domingo, Delia escribió sobre su tristeza por la muerte de la cantora, escribió "hay días malos", escribió sobre sus ganas de habernos visto pero el frío y la lluvia y el desgano, escribió sobre el domingo y escribió "luego veré de volver por aquí"... Un par de horas después la llamé por teléfono y hablamos largo. Nos contamos las ganas de vernos pero las no ganas de salir a la calle, nos chismeamos de la familia, nos preocupamos por el país, nos entristecimos por Chabela, nos enrabiamos por Lanata, nos conmovimos por Víctor Hugo. Aquella semana el periodista traidor había escrachado a nuestro querido periodista con un impensado vínculo con la dictadura uruguaya. Esa noche "Bajada de línea" prometía ser un programa de culto. "Bueno, lo vemos y luego lo comentamos", dijo una. "Dale, si no hablamos después del programa hablamos mañana", dijo la otra. "Eso. Y esta semana nos vemos o nos vemos". "Claro que sí. Te quiero." "Y yo a vos". Puedo escucharnos. En el primer corte del programa, que efectivamente era una joya de apoyos al lado victorhugo de la vida, me paré a llevar los platos de la cena a la cocina. Sonó mi celular y algo me dijo que algo no andaba bien. Escarcha. El domingo se detuvo en domingo para siempre. Los nueve días que siguieron fueron, simplemente, la última ayuda que nos ofreció en su solidaria vida. Ir adecuandonos a lo irreversible. Ir mirándonos en el desolado espejo de la ausencia.
El 5 de agosto se congeló en domingo para siempre.
Y sí... "Hay días malos"

domingo, 13 de julio de 2014

23 meses y la ausencia


Domingo 13.
Final de una semana llena de emociones.
Y la ausencia.
Gritos de júbilo. Y la ausencia.
Abrazos de goles. Y la ausencia.
Mate y tortas fritas, y la ausencia.
Augurio de una final deseada.
Y la ausencia.
Julia mejora. Y la ausencia.
Un sueño futbolero. Y la ausencia.
Oscar operado. Y la ausencia.
Un cuarto de siglo, y la ausencia.
Domingo 13 de julio. 23 meses.
Ausencia.
Que es presencia en cada alegría,
en cada festejo, en cada sensación.
Presentemente en ausencia, deliamente presente.

23 meses, en este mes mundialista.
Y su ausencia.

miércoles, 25 de junio de 2014

a 36 años de aquella final


El 25 de junio de 1978 mi sobrina Marina, la primer hija de mi hermana, cumplía 3 años. Era domingo y hacía mucho frío. Nos juntamos en casa de Delia a festejar el cumple de la pequeña y, obvio, a mirar la final del Mundial de Fútbol.
Aquel Mundial… Aquel Mundial…
Todos los que estábamos ahí lo criticábamos pero también todos gritamos los goles argentinos. Y también todos salimos a la 9 de julio, con distintas sensaciones, a festejar. Delia y el que era su marido, el padre de sus tres hijas, estaban muy conmovidos con la multitud. Se miraban extrañados y cómplices. Cuando fuimos acercándonos al Obelisco mi sobrinita se asustó y su papá decidió volverse a la casa con ella. Nos quedamos Delia y yo… Anduvimos de acá para allá entre emotivas y conmocionadas. En algún momento Delia se puso a llorar y me pidió que fuéramos volviendo. En el camino de regreso me dijo: “vi a dos compañeros… están vivos…” La abracé. Nos abrazamos. Estuvimos largo rato abrazadas en una esquina. Ella lloraba y yo también. Ella sabía por qué y yo no tanto… Años más tarde me dijo: “aquel día sentí que los genocidas se habían equivocado… que en su soberbia maléfica nos dejaron salir a la calle y vernos las caras, volver a vernos las caras y mínimamente saber quiénes todavía resistíamos”…

Delia… la extraño siempre mucho. A veces más.

viernes, 13 de junio de 2014

Junio. 22 meses.

Apunada mi alma en la altura de tu ausencia, se refugia desprotegida en el vértice tierno de los recuerdos. Entonces me veo niña de sonrisa fácil subiendo por el borde de tu mano para colgar mis ojos en los tuyos, ávida por saberlo todo. Me calzo zapatos guillerminas para verte abotonarme su presilla. Compro cuadernos tapa dura para que me los forres con azul araña. Busco la calesita de la esquina para dedicarte la jubilosa sortija. Mas no alcanza. Nada alcanza.

¿Cómo se hace para "alcanzar" el consuelo? Qué rezos, qué ceremonias, qué introspección, qué búsqueda... qué religiosas voluntades deberían engarzarse en el altar de la falta... Busco, me alecciono, me disciplino en rigurosas devociones, buceo en resplandecientes soledades, sostengo manos en rezo, entono la brumosa letanía del "om", me esperanzo en esa luz extraña, me ahueco en aquella oscuridad, canto aquella oración y te la dedico, me asiste algún sueño reparador con un abrazo... Pero nada. El silencio de tu voz silenciada me ensordece. Y da paso, inevitable, al doliente lamento.

jueves, 5 de junio de 2014

Segundo 6 de junio de ausencia

6 de junio. Segundo 6 de junio sin vos, hermana mía.
Esta fecha que hoy duele hasta en los huesos fue jubiloso festejo. De los grandes.
La prepotencia de tu ausencia me enseña que tu fecha era, también, un poco mía. Yo la esperaba. Diseñaba sorpresas. Elegía regalos. Celebraba tu vida y tu vida en mi vida. Te extraño. Te invoco. Ahí estás, sentada en el borde de mi hombro bebiéndote mi abrazo. Acá estoy, colgada en el trapecio de tus ojos, espiándote una mirada. Tu empecinada presencia en el absurdo vacío que no cesa me va construyendo a la Delia de hoy. A la Delia que me habita. Desde ahí celebro hoy todos los 6 de junio que tuvimos. Celebro tu vida, hermana mía. Levanto una copa de buen Malbec y brindo. ¡Hasta la Victoria. Siempre. Hermana. Compañera. Amiga!

lunes, 12 de mayo de 2014

Helada exactitud / 21 meses



El 13 de mayo de 2012 fue un domingo intenso.

En el mismo día un amigo muy querido entró en un complejo laberinto de oscuridades y mi pichón desplegó sus maduras alas y emprendió el vuelo hacia la adultez.

Esa noche me ganaron las emociones, qué novedad, y lloré a mares colgada al teléfono con Delia del otro lado tratando de consolarme. Allí estaba ella con su eterna sabia palabra enseñando a esta boludaza inmadura, resistente al crecimiento, que la vida es así. Que a veces duele, que a veces premia, que la única forma de retener es soltar, que el camino más profundo suele ser el más solitario. Puedo oír su voz, entre preocupada y risueña, recitando amores para alcanzarme consuelo.

Dos exactos meses después de aquel domingo, la vida (o más bien la muerte) ofrecía a mi existencia, y a la de todos los que la amábamos, el más brutal de los zarpazos en el exacto centro del alma. Hace hoy dos años exactos de aquella conversación. Hace hoy exactos 21 meses que me falta. Que nos falta.

Exactitud maldita, exactitud que hiela.

Mi amigo salió del laberinto, mi hijo planea en alto vuelo.

Y Delia tenía razón. A veces duele, a veces premia. Pero el dolor duele dos veces y el premio también duele ahora con su ausencia. No tengo su voz para enseñarme, para aliviarme. No tengo su palabra. No la tengo. Y yo sigo siendo esta boludaza inmadura, resistente al crecimiento, que levanta el teléfono, marca su número buscando cobijo y llora. Ahora sin consuelo.

martes, 6 de mayo de 2014

De sueños y recuerdos

Tuve un sueño.
Soñé con Delia. Ella era una niña y tenía un bebé en brazos. El bebé era yo. Por esas cosa extrañas de los sueños, yo (la de ahora) también estaba en ahí y las miraba. Era claro que yo era un bebé pesado para el menudo cuerpo de Delia, pero ella reía e intentaba bailar conmigo en upa. Me daba besos (a mí, bebé); y yo, la de ahora, los sentía en esta Stella dolorida de hoy. En el sueño yo sabía. Y no. La de hoy sabía, la bebé disfrutaba. Desperté muy conmovida y sintiendo el calorcito de su cuerpo en el mío. Cuando terminé de despertarme me di cuenta de que no tuve un sueño.
Tuve un recuerdo.

(Stella  / 6-5-2014)

domingo, 13 de abril de 2014

20 meses, tiempo sin tiempo

Este tiempo sin tiempo que recorro atraviesa mi alma entumecida, ahora alma incompleta por doliente, que no encuentra consuelo ni socorro. Un vacío colmado de presencia me debate entre risas y pesares, pero impone su ausencia en alarido mientras la vida avanza, tenaz y endurecida.
No tengo recuerdos más que mis recuerdos y a ellos me aferro dolida y obstinada.
Visito algunos bares, releo algunos libros y cada noche va mi mano por debajo de la almohada. Sueño que sueño y que la encuentro y que me sana de nuevo su palabra. Pero despierto siempre entre sollozos, con el alba tercamente atormentada.
Sola de una soledad desconocida, quiero que vuelva y que me abrace. La convoco cada hora, cada día la pienso, cada domingo repudio ese domingo, el del zarpazo brutal definitivo. Y cada 13 calendario me encuentra acá, desde hace 20 meses, escribiendo, en vano intento de detener el tiempo.
Este tiempo sin tiempo que recorro. Y que atraviesa mi alma entumecida.


 13 de abril, a 20 meses.

jueves, 13 de marzo de 2014

19 meses... ¿"ya" o "recién"?

Me encontré con Gaby en una esquina cualquiera de Buenos Aires. Alegrón. Abrazo y charla.
Nombrar a Delia se dio naturalmente.
 Sonrisas al recordarla.
 "Ya pronto van a hacer dos años, ¿no?", preguntó como al descuido.
Y yo me quedé con la mirada fija en el biés de tu mortaja. Acomodé esa estúpida arruguita y fui con mis dedos hasta tu cara, helada. Reparé en tu gesto y se me antojó enojado. Convulsión de llanto sobrevino y me incliné para besarte la frente, tan amada.
"¡Stella!", la voz de Gaby me llegó como desde el fondo de un túnel herrumbroso.
La luz de sus ojitos me devolvió un poco de presente.
"Sí, sí, pronto", dije improvisando un poco de cordura. "En agosto. Justo mañana (por hoy) harán recién 19 meses", balbucee confundida.
Me abrazó creo que entendiendo y me dio un beso en la mejilla con intención de secarla, también creo.
Giró sobre sus pies y se fue rápido. Su espalda acongojada conmovió un poco más a mi alma lastimada.
Miré a mi alrededor y entendí que estaba en esa esquina cualquiera.
Diecinueve meses. ¿"YA" o "RECIÉN"?, me pregunté antes de retomar lo cotidiano.


(13 de marzo, 2014)

martes, 25 de febrero de 2014

18 meses...





Fundido mi corazón en esta explosión salvaje de verde que me rodea, mi alma empieza a entender la comunión de tu sangre en la mía... Desde esa celebración me entrego sin esfuerzo a escribirte en primera persona... Gracias por tu onírica visita... Necesitaba tu abrazo. Lo necesito. El para siempre es mucho tiempo... La absurda cronología dice 18 meses, pero vos y yo bien sabemos que es un minuto y una eternidad.
Te extraño. Y te amo. Siempre.
13 de febrero, 2014. Desde Montaña Encantada. 

miércoles, 22 de enero de 2014

MARCAS EN EL CUERPO

Me hice un tatuaje...
A decir verdad nunca me gustaron los tatuajes. Han sabido despertarme críticas y repudios...
Pero me tatué el nombre de Delia en la muñeca izquierda.
El nombre de Delia grabado en mi piel para siempre.
Sencillamente, hice visible la marca que ya llevo, desde siempre y para siempre, en el alma.
Eso, justamente, fue lo que me ayudó a tomar la decisión...Un día, hace ya algunos meses me puse a pensar en dos cosas: primero, en que solemos soportar marcas en el cuerpo que no hemos decidido; y segundo, que portamos marcas en el alma que podemos decidir hacerlas visibles en el cuerpo.... Así empecé a darle forma a esta decisión.
Yo se todo... Ya se han encargado de hacérmelo saber y, sobre todo, de hacérmelo sentir. Se, bien que sé, que no soy la única a la que se le ha muerto un ser querido y que hay tragedias mucho peores que la mía... Se que soy intensa y febril. Se qué soy exagerada y manifiesta. Se que soy vehemente y que puedo ponerme hincha pelotas (o ser siempre hincha pelotas, si querés) Pero así soy... Para todo... Para amar, para sentir, para pelear, para ayudar, para duelar....
No me siento ni la más desgraciada ni la dueña del dolor... No... En absoluto... Me siento infinitamente triste. Y también soy cobarde... no puedo con la soledad del dolor. Me enloquece... Necesito compartirla, convocar al abrazo, llamar al consuelo... La injusta y temprana partida de Delia tiene para mi la dimensión de todo mi dolor. Me re significa todas mis ausencias. Me deja huérfana de toda orfandad.
Entonces, el tatuaje.
Hacer visible esa marca indeleble que llevo en el alma.
Un tatuaje pequeño, sencillo y bonito.... Como era ella. A la vez inmenso (como ella era) en su significado.
En el brazo izquierdo.
Para que esté conmigo en cada puño en alto, en cada V de la victoria.
Para que se vea que la llevo conmigo en cada hora de mis días.
Para que me pregunten qué significa "ese nombré" y poder hablar de ella.
Para que sea evidente que está entre mi y toda la realidad.
Quizá así pueda satisfacer esos tantos pedidos de que "la deje ir"...
En este eterno homenaje, que le hago y me hago, traigo a mi padre y a mi madre. Y a todos los duelos que ella supo consolar y acompañarme...
Convoco a todas las Stella que he sido para acordar un poco sobre las Stella que seré sin Delia.
Celebro la casa de Anatole France, la de la avenida San Juan, la de la avenida Rivadavia y finalmente la casa de Mansilla... todas sus casas que fueron también mías y, fundamentalmente, fueron casas de mi madre... 
Recobro la mano bajo la almohada de la infancia, el tazón de café con leche con pan adentro, el papel araña azul de los cuadernos de las primeras letras, los ojos asombrados por la inmensidad de la ciudad inmensa, los primeros libros y las primeras músicas, las despedidas y los reencuentros, los tres soles de sus hijas, el dolor por sus amados compañeros, la abundancia de sus abrazos, su mano en la panza calmando mis contracciones de parto, la generosidad de su sonrisa, la trascendencia de sus consejos, el azúcar en mi boda, la inmensidad de su paciencia.
Todo en estas cinco letras que adornan, y honran, para siempre mi muñeca.
Fraternal regalo que me he permitido ofrecerme en este cumpleaños de 2014.
Ella seguramente no aprobaría esta decisión mía. La tomaría como uno de esos extraños y locos pasos de esta hermana, demasiado extravagante para nuestra sencilla vida.
Pero enseguida me miraría con ternura, buscaría la mirada de mi madre, y con ronca voz, cargada de ironía, seguramente le diría: "oye madre, si tu hija tiene tatuaje... ¡Anda en pandilla!".
Lanzaría una abundante carcajada y abriendo generosamente sus brazos tomaría mi cabeza entre sus manos y la llenaría de besos.

domingo, 12 de enero de 2014

Ilimitado tiempo... 17 meses


A punta de penas una va ordenando la tristeza. Y duele. Sigue doliendo como si las noches no se hubieran sucedido en insomnios y pesadillas. El tiempo no es aún el aliado prometido y sigue siendo todavía un amargo enemigo. Difícil es darle a la ausencia un lugar definitivo. Imposible, diría. La ausencia se vuelve piel en mi piel y descansa vital en mi costado. Y es arrobo constante.
Trece de enero... Diecisiete meses. Ilimitados. Neurálgicos.

viernes, 13 de diciembre de 2013

16 meses


"El tiempo todo lo cura", dicen.
El tiempo... todo locura.
 El tiempo todo...: locura.
 Digo yo.

16 meses de desconcierto. De absoluto desconcierto.
En este diciembre de fuego, que achicharra el alma...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

15 meses sin Delia.

Por ahora el tiempo es sólo esta distancia que separa mis recuerdos de este presente tan absurdo.
El tiempo.
Cuánto es el tiempo.
Todo parece.
Parece acomodarse pero no.
Proyecto pero no.
Hago pero no.
Río pero no.
15 meses.

viernes, 18 de octubre de 2013

Una dedicatoria


Luciana querida:
En agradecimiento a una buena noticia, al logro de tu objetivo que revela tu voluntad de vivir solidariamente, ayudando a los que llevan el alma un poco chueca.
Te quiero mucho,
Tía  Delia
2009 
(Año en que la Luli fue ¡Psicóloga!)

(Gracias Luciana Bragán)

martes, 15 de octubre de 2013

14 meses



13 de octubre. 2013.
14 meses.
Voy aprendiendo a callar, a no decir, a fundirme con el silencio de la noche más oscura.
Voy aprendiendo. A morder los labios. A ajustar el alma desbocada. 
Pero no crean que algo ha cambiado.
 Todo está igual.
Sólo que callo.

sábado, 21 de septiembre de 2013

Una nota para Voz de Vos II

COMPROMISO: ¿real o imaginario?
Apuntes para una reflexión

Para tratar de comprendernos, partamos desde alguna base conceptual.
Compromiso: obligación contraída ante uno mismo o frente a otro u otros.
No intento dar una definición profunda, sino suficientemente esquemática, con lógica y rigor comprensible, porque la función práctica del compromiso es más importante que la teórica.
Desde mi punto de vista, todo núcleo social tiene compromiso; todo individuo, también.
Por muy "secreto" que intente llevarlo, cada quien está comprometido.
En cada adulto hay una estructura comprometida que le sirve de estímulo en las realizaciones.
Básicamente nuestros más profundos compromisos son inconscientes. El reconocer que es así y reflexionar sobre ellos, los vuelve conscientes y ¡ahí sí, hay que vernos! Porque comienzan a condicionar nuestra actividad.
Cuando la conciencia queda comprometida surge la crítica sobre nuestro accionar en relación con el mundo. Corremos el riesgo de ver la diferencia entre la relación real con lo que nos rodea y la relación imaginaria con ello.
Personalmente, apoyo la desmitificación de "compromiso" como patrimonio de algunos. Todos estamos comprometidos y el resultado global de la realidad que tenemos es el fruto de una mayoría comprometida con lo que da ese resultado.
¿Suena como un juego de palabras? Bajémoslo a la realidad, entonces.
Supongamos que la mayoría absoluta tiene un compromiso consciente contra la coima. Si saliéramos a preguntar por la calle, lógicamente acumularíamos respuestas efectivamente de rechazo al soborno. Pero es un rechazo imaginario, porque para que socialmente triunfe, y de forma tan estruendosa, la coima, se necesita quien coimee y quien se deje coimear. ¿O no?
Alguien ha asegurado que una cadena vale lo que vale su eslabón más débil. Así, todo nuestro accionar comprometido vale lo que vale la más débil de nuestras actitudes. Las razones de esas actitudes, los porqués, las justificaciones, ya son otro tema.
No creo que esta consigna planteada, de teorizar sobre el comprometerse, se un requerimiento fortuito. No es casualidad sino causalidad. Creo que estamos cansados de esta realidad (tal cual ella es en estos precisos momentos) con la que estamos comprometidos.
He aquí la razón profunda del tema que nos ha tentado: ¿qué compromiso entablar con nostros mismos y con los demás para transformarnos y transformar?
Bien, hasta aquí he llegado. Esta pregunta es una frontera.
Sería magnífico que quienes avancen y tengan alguna que otra respuesta, la compartan (y practiquen el contenido al mismo tempo, como para ir despuntando lo de "compromiso").
...Ahora bien. ¿Ustedes creen que esta nota es muy comprometida? ¿O que me puede comprometer? Lo que pasa es que me comprometí a decir algo y quedé pegada... ¡Hay gente que lo compromete a uno con cada cosa!... Hubiera sido más sencillo algo como:
"yo COMPRO, usted METE
¡y nos repartimos la ganancia! 
¿Y si aprece la DGI? ¡Vamos, che!... 
Acá siempre hay cómo arreglar..."

¿No es cierto?
María Delia Matute
Mayo, 1996
(para la Revista Barrial Voz de Vos)


viernes, 13 de septiembre de 2013

...



Allí van.
Se me han adelantado
orgullosos, al fin, 
de verse liberados
del doloroso encierro
en que los estrujó mi corazón. 

Allí van…
vacilando seguros.
Envueltos en ropaje de palabras
van llevando mi sangre.

Ya no me pertenecen
y no hay en ellos nada 
que no me pertenezca.

Allí van
alardeando de amores
que en mi costado son 
constantemente.
Y aún más:
van alardeando desamores, 
desesperanzas, duelos y agonías.

Allí van…
Algunos van de pie,
y otros gateando,
o rengueando,
o de rodillas…
Pero van…
Van hechos
o contrahechos,
pero, al fin! cara al aire.

La vida los asista!
Poemas frente al mundo!
mis
POEMAS A LA VISTA

Maria Delia Matute (MDM)

(Aporte de Meli)

Una nota para Voz de Vos...

I CHING – El Libro de las Mutaciones
Apuntes para una reflexión

MARÍA DELIA MATUTE
Setiembre, 1996.

Desde hace unos años –ya son unos cuantos- vengo yo aliviando lo cotidiano con la lectura, el estudio, el intento de comprensión o interpretación del I Ching. El I Ching, indudablemente, es una herencia preciosa de esa cultura milenaria que elaboró el alma china.
En ese horizonte estrecho, aunque necesario y valioso, de lo cotidiano, la lectura, las especulaciones que genera el I Ching giran alrededor de un sentimiento humanitario capaz de abarcar la totalidad de la vida.
Un libro que se presume – al menos yo presumo, por lo que he leído- escrito alrededor del año 1000 a.C. no puede ser “publicitado” con frases modernas como “lectura amena”, “lenguaje claro y sencillo”, “divertidas aventuras”... Pero, sin embargo, como escuché decir alguna vez, se puede afirmar que no ha envejecido, que está vivo y ayuda, cuanto menos, a reflexionar con serenidad sobre cualquier tema. Ciertamente no es un libro que se domina en una ojeada. Es, más bien, un amigo silencioso que sabe poner la mano en el hombro, haciéndonos sentirla mientras uno soporta la vida tal cual es: a veces pesada y a veces liviana. Ocurre –y el cómo ya es otra cosa- un intercambio espiritual que decanta en fuerza vivificante.
Digo que se vivifica nuestro espíritu, no que se cambia, no que se transforma en espíritu chino químicamente puro. Mientras lo leemos y releemos, nuestro espíritu seguirá, nos pese o no, siendo occidental; seguiremos viviendo en esta sociedad e inmersos en los problemas que tenemos, tanto los sociales como los personales.
Sobre esto quiero insistir, porque deseo –ojalá lo lograra- explicarme, sin dejar de brindar mi ternura y alabanzas al I Ching. Si el libro ya casi cumple 3.000 años, pertenece lógicamente a un periodo alejado en extremo del desarrollo científico de este tiempo; de este HOY en que nos tomamos de su mano y nos dejamos conmover y conducir. Entonces, creo yo, tenemos que ser claros y los más consecuentes posible; no actuar como si importáramos supersticiones exóticas con la esperanza de obtener de ellas el remedio para nuestras enfermedades occidentales contemporáneas.
Para evitarlo, posiblemente sea imprescindible reconocernos profundamente como occidentales, sentir que formamos parte de esta construcción –con sus males y sus bondades-, como el granito de arena forma parte de la playa, y que al mismo tiempo somos constructores de este modo o sistema occidental. Y aquí sostengo que, al construir, uno aporta o a lo malo o a lo bueno. Cada hombre es su conciencia y sus actos. Y, lógicamente, es desde esa conciencia, desde ese espíritu, que especulará al indagar el I Ching.
No se me escapa que cuanto expreso resulte, al cabo, sólo un montón de vaguedades, inquietudes sin otra importancia –si es que la tienen- que la de transmitirlas e intercambiar opiniones, si alguien se interesara en ello.
Nadie debe, o debiera, abandonar el espíritu de su tiempo, de su cultura, de las concepciones vitales de las que participa y en las que se desarrolla. Acercarse a cualquier concepción humana, ya sea religiosa, artística, social, de cualquier época y/o civilización, no debiera ser, por respeto, un mero y vacío intento de imitación.
Debe haber una forma de considerar y entender y aprovechar ese saber, generosamente legado y resguardado hasta nuestros tempos, sin caer –y he aquí lo que impulsa e interesa- en el estadio del mono, que imita casi al pie de la letra, pero no deja de vivir comomono en cuanto termina la imitación.
Para los eruditos sinólogos (sinólogo: estudioso de la lengua, la cultura y la literatura de China) de Occidente, el I Ching es nada más que “una colección de absurdos ensalmos mágicos”. Eso es, por lo tanto, para todo Occidente y yo caigo en las generales de la ley. Debo aceptar que participo de esa definición dada por la flor de la intelectualidad de la civilización a la que pertenezco. Pero no por eso se me obligará a renunciar al placer de admirar y amar esta obra basada, no en los principios de la ciencia que conocemos y que entonces no existía, sino en otros principios, de otro tiempo y otra civilización.
Para nosotros, la ciencia es una necesidad y, por supuesto, un gran logro. Por razones que yo desconozco y que seguramente otros expliquen, hemos preferido la ciencia a la sabiduría, la utilidad a la belleza (la habilidad de obtener está mejor vista que el arte de ofrecer). No supimos crear un sistema de valor paralelo entre ambas. Anhelamos crear ese sistema en el que podamos, sin renunciar a la ciencia, rescatar la sabiduría, desarrollar a nuestro alrededor el gusto por la belleza (no de objetos, sino de acciones), reducir las necesidades.
El I Ching es sabiduría humana desarrollada en otras condiciones, pero ¡humana al fin! no es casual que nos influya, sino que lo hace justamente por esa causa. Ese conocimiento milenario tal vez nos ayude a lograr cierta equivalencia entre ciencia y sabiduría al servicio de lo humano. Esa sabiduría que alguna vez sacrificamos.
Los años de vida me hacen creer que –el psicólogo suizo, Carl Jung, lo explica muy bien- nada puede ser sacrificado siempre. Todo vuelve bajo una forma cambiada. Cuando lo sacrificado retorna, vuelve con un cuerpo más sano y resistente para soportar una gran transformación.
Deberá ocurrir lo mismo con la sacrificada sabiduría humana.
Que así sea. 

13 meses

Hoy es 13 y ya van 13 meses.
Por ahora "el tiempo" no es ese aliado del que tanto me han hablado y me hablan. Ese "tiempo" que se supone me ayudará y me aliviará.
 Por ahora "el tiempo" es un enemigo, que acecha como aliado de un silencio que me exigen y me daña... 
Hoy es 13 y ya van 13 meses...


domingo, 1 de septiembre de 2013

NEUROSIS


NEUROSIS
(no lo había titulado al escribirlo 
y al leerlo ahora pensé ¿qué otro título?)

Tensa sus hilos 
la trampa de la pena
delgados y brillantes
aprietan en mis sienes.

Hoy todo lo marchito
nomás con la mirada.

A sus anchas 
pastorea el pesar 
en mi conciencia. 

Hoy, toque lo que toque,
dejo una huella
de abeja lastimada.

La Esperanza,
agobiada de intentos,
se apoya peligrosamente
en la baranda de mi alma.

Hay palabras que no precisas labios.
Hay respuestas que no quieren preguntas.
Y hay evidencias que ni siquiera 
resisten la mirada.

MDM -1996

Gentileza de Nahuel. 

martes, 13 de agosto de 2013

Un año sin Delia.

“Mi vida se hace al contarla
y mi memoria se fija con la escritura;
lo que no pongo en palabras sobre papel,
lo borra el tiempo”.
Isabel Allende


Delia fue, esencialmente, una mujer buena. Buena hija, buena hermana, buena compañera, buena vecina, buena madre, buena amiga, buena tía, buena nuera, buena cuñada, buena suegra, buena abuela... Buena y mucho, ya lo dije antes... Todo mucho. Un ejemplo para mí, en este mundo huérfano de valores.

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

Ejemplo de hermana, ejemplo de madre, ejemplo de luchadora. Soy lo que soy, sobre todo en las virtudes, porque Delia me acompañó durante más de medio siglo... Sin dudas el amor más extenso de toda mi vida... Delia tenía una gran capacidad para transformar mis miedos en esperanzas, mis demonios en amigos, mis defectos en virtudes. Ella a todo le encontraba ideología y la aplicaba a mis venenos y me los devolvía en remedios. Nadie más ha tenido esa hercúlea particularidad en mi vida... Dadivosa, derrochadora de amores y de gestos amorosos, siempre encontraba la palabra exacta que se convertía en mi voz.

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

Me aterra haber perdido el último eslabón que me unía con mi infancia. La constructora, y portavoz, del relato más objetivo y más subjetivo, al mismo tiempo, de mi historia. Me aterra esa soledad “de antes” en la que me ha dejado...

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

¿Alguien sentirá por mí cuando yo muera esta inacabable sensación de andar a la deriva, esta tristeza que no cesa? ¿Quién sino ella podría entender esta aflicción? ... Este vivir con media alma... A la vez me consuela saber que no padecerá ella esta locura de lágrimas...

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

La calesita de la esquina de mi niñez, su sortija, mis zapatos guillermina tan difíciles de abotonar para mis torpes dedos, mis terrores nocturnos y su mano por debajo de la almohada, mi portafolio de primer grado, los cuadernos forrados de azul araña, la ancha escalera de la Normal Mixta, mi “hacerme señorita”, la estación de micros pueblerina, las llegadas a Retiro a visitarla, los primeros dolores amorosos, las más íntimas confidencias, las primeras pérdidas esenciales, mis primeros pasos militantes, mis primeros duelos, mi maternidad, mis miedos... Todo está atravesado por la presencia de Delia y hoy desamparado por su inexplicable ausencia.

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

Tengo la certeza de que el resto de mi existencia estará sostenida por esta pena infinita y por el temor a que se sumen otras penas y no tener a Delia para contenerme.

Editorial de Radionautas

Editorial que Delia escribió para el programa de Radio para chicos, Radionautas en el Aire, que hacía junto a Guadi y Marina...

Editorial
Hoy es sábado 7 de octubre de 2006 y estamos dándoles la bienvenida a los y las oyentes de Radionautas en el Aire. Bienvenida… bienvenida…
Che, ya que estamos con esto de la bienvenida ¿por qué no poner en claro que también tenemos para dar una que otra malvenida?, ¿qué les parece, chicos?
¡Hay tantas cosas que no sólo merecen que demos una fuerte malvenida sino que digamos: ¡¡basta!!, ¡¡fuera!!, ¡¡acábenla!!!
Hoy, por un momento, nos detenemos a decirle a los que tienen poder y hablan y hablan de arreglar las relaciones en el mundo que empiecen, calladitos, por hacer cumplir los derechos de niñas y niños para TODOS los chicos y chicas del mundo.
Ese sería un hecho realmente importante. Ahí sí comenzaría a cambiar para mejor el mundo. Porque los niños y las niñas que reciben los que sus derechos les prometen, sonríen. Y si todos los niños y todas las niñas del mundo sonrieran, esto sería otra cosa, ¿o no?
Bueno, vamos a ver si los y las radionautas sonríen durante el programa. ¡Empecemos, nomás! (MDM)


 (Publicado por Guadi en su Facebook, al cumplirse un año del fallecimiento de Delia   poniendo, entre otras cosas, “Bueno, siendo que se aproxima el Día del Niño (y de la Niña) les comparto este texto que ella un día leyó al aire y de paso la homenajeo con todo mi amor y recuerdo. Soy como soy, en parte, gracias a ella también!...”)

sábado, 13 de julio de 2013

Ballerinas

A dieciocho años del primer instante. 
24/4/97


Rosas o, cuando más, marfil de luna.
Combas, como una aleta en pleno vuelo.
Llenas de gracia, cual Ave Maria.
Vocaciones de aires y de ciclos.
Paralelas corpóreas de la vuelta.
Círculos incorpóreos de lo recto.
Vértices invisibles de los mimbres.
Curvas inconcebibles de los planos.
Compañeras artistas del artista.
Gracia del pie gracioso y agraciado.
Moldecitos de raso con puntera.
Puntas de la paciencia enamorada.
A la medida de la danza misma,
por los cuatro costados, danzarinas,
fugitivas pisadas suspensivas,
zapatillas de punta, ballerinas.

Mamá (María Delia Matute)

Publicado por Magdi en fcbk el 13/7/13

COMO EN AQUEL TOBOGÁN GIGANTE


En mi San Rafael natal, por allá por los inicios de los ´70, instalaron en una esquina un “tobogán gigante”. Una especie de gran deslizadero artificial por el que las personas se dejaban resbalar por diversión sobre una mole descomunal y de altísimas curvas.
Muy pronto se puso de moda y fue, durante algún tiempo, el más bullicioso punto de encuentro de amigxs adolescentonxs... Allá íbamos con mis hermanxs y todxs mis primxs. Yo era la menor y me llevaban no porque querían sino porque lxs obligaban lxs adultxs de la familia en gran alarde de psicopedagogía...
Era un extraño entretenimiento en el que había más miedo y vértigo que placer... o por lo menos así era para mí. Una explosiva mezcla de miedo y alegría difícil de soportar.
Delia ya vivía en Buenos Aires en aquel momento, pero fui con ella un par de veces cuando andaba por allá vacacionando... Fueron esas las pocas oportunidades en que me sentí segura sobre esa raída alfombra que nos permitía deslizarnos por los acentuados vaivenes del coloso. Delia, como siempre, comprendía mi miedo y me daba el aliento necesario y respetuoso que yo necesitaba. Mis primxs, y ni hablar de mi hermano, solían reírse y burlarse de mi susto y obligarme a “ir adelante” que era lo que menos me gustaba (yo nunca me tiraba sola). Así se vengaban de mi obligada presencia... Y yo hacía como que no me importaba.
Estos últimos once meses de mi vida han sido como aquellas tiradas por el “tobogán gigante”... pero agigantado.
He vuelto a sentir aquel mismo vuelco en la boca del estómago que me dejaba sin aliento cuando esa montaña enloquecida se desplegaba a mis pies y allá en lo alto me sentaba en la estera roñosa para iniciar el salto.
Ha retornado a esa sensación de acrofobia mezclada con la risa de la diversión.
Descomunal sensación que no tiene nombre.
En estos once meses he llorado cada noche antes de dormir (también en muchas madrugadas). Pero he tenido a la par la emoción de premios.
He convivido a diario con la desgarradora tristeza mezclada con la alegría, por ejemplo, del nacimiento de sobrinxs-nietxs.
Han  ido de la mano las ganas de seguir durmiendo con la ilusión de nuevos proyectos; el frío de la ausencia con el abrazo amigo.
Se han codeado mis peores fantasmas con las concreciones de mi retoño y los sueños de mi compañero...
Han cohabitado las más oscuras fantasías y las más radiantes ilusiones.
He insultado al universo desgarrada de dolor. Pero también he cantado, he leído poesía, he estrenado un vestido.  
He quedado estaqueada en una esquina creyendo ver a Delia en la vereda de enfrente. Y he descubierto que se puede estar paralizada y seguir caminando.
He querido detener el tiempo y he rogado que pase pronto.
He quedado atónita marcando su número de teléfono en reflejo inconsciente del deseo, y he recibido llamados del reino de la maravilla.
He atravesado oscuridades desconocidas y al mismo tiempo he estado iluminada.
He asistido al derrumbe de mi alma hasta el fondo de sí mismo y casi de inmediato lo he visto renacer en esperanzas.
Intensas y violentas sensaciones.
Me he culpado por sonreír y al rato he reído a carcajadas.
Así de extremo este tránsito sin descanso que me lleva del temor a la audacia y del destierro de mi ánima al centro de mi yo resucitado.
Como en aquel niño sentir de mi pasado. Cuando necesitaba ese abrazo para dejarme caer confiada hacia el vacío. Nada ha cambiado desde entonces. Sigo necesitando aquel abrazo fraterno y fundacional que supo sostenerme, aquel abrazo irreemplazable, aquel abrazo acunador y respetuoso de toda mi sorpresa. Y no lo tengo. Entonces me lo invento. Llega ahora amasado desde adentro y rehecho en quien entiende. Vuelve en recuerdos, en añejos regalos, en preciados objetos, en fotos bien guardadas , en tesoros de papel  amarillento.
Once meses de “tobogán gigante” sin ese abrazo. Y a la vez sostenidos por el mullido colchoncito de nuevas huellas y un sin fin de promesas a cumplirse. Entonces me deslizo, ya sola y sin reversa, por los desniveles pronunciados de una vida sin Delia.
Pienso en ella cada noche, cada mañana, cada día. La necesito, la requiero. La convoco y la invoco. Pero el tiempo va pasando aunque lo niegue, aunque me emperre en detenerlo. Y dicen que es el tiempo “el gran regulador de todo”. Eso dice mi Sofía*... Y ha de estar en lo cierto.

13-7-13 
(a once meses de la ausencia)

* Sofía es el personaje de "Más frágil que el silencio", de Daniel Zaballa.

martes, 9 de julio de 2013

Un mundo para Julius

Un poco de consuelo encuentro cuando encuentro su palabra, sus regalos... Hoy es uno de esos días en que su ausencia es una presencia constante... constante...