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viernes, 24 de agosto de 2012

I

...

Allí van.
Se me han adelantado
orgullosos, al fin, 
de verse liberados
del doloroso encierro
en que los estrujó mi corazón. 

Allí van…
vacilando seguros.
Envueltos en ropaje de palabras
van llevando mi sangre.

Ya no me pertenecen
y no hay en ellos nada 
que no me pertenezca.

Allí van
alardeando de amores
que en mi costado son 
constantemente.
Y aún más:
van alardeando desamores, 
desesperanzas, duelos y agonías.

Allí van…
Algunos van de pie,
y otros gateando,
o rengueando,
o de rodillas…
Pero van…
Van hechos
o contrahechos,
pero, al fin! cara al aire.

La vida los asista!
Poemas frente al mundo!
mis
POEMAS A LA VISTA



I

¿Qué haré de mí?
¿Qué haré
si este constante estado
me abandona?

¿Qué
si el secreto afán
desaparece?

Cómo palpar la forma
Y los destellos,
admirar equilibrios,
apresar un soneto?

(No tengo,
ni lamento no tenerlo,
condición importante
para ningún quehacer
que no sea el sentimiento)
Yo tengo en concesión,
sin plazo fijo,
un manantial profundo
de ternezas,
de asombros cotidianos,
de invisibles promesas.
Y tengo,
al mismo tiempo,
y en igual condición,
los duros ramalazos
del enojo,
los relámpagos de odio,
mis endurecimientos.

Y tristezas…
Los golpes del recuerdo
me llenan de amargura
o bien
de pronto
con ellos
la dicha me florece.

Qué haré de mí!
Qué haré si se me apaga
la lámpara encendida
de mi gozo,
la hoguera enloquecida
de mi espanto?

Qué haré de mí
si acaso pierdo
esta sed
de andar bebiendo todo?

Si acaso,
si por algo,
se amortiguaran
todos mis sentidos,
se agotara mi llanto
y se quedara
mi risa
interrumpida para siempre-
si un día yo me viera
sin mi poder de amar
rabiosamente,
sin mi poder de odiar
fogosamente-

Si ya las flores
no me hicieran falta.
Si un ave en vuelo
no me detuviera.
Si un niño hambriento
no me atormentara.
Si me diera lo mismo
que me quieran.
Si un reptil
no me causara espanto,
y el aroma del pan
no me embriagara…
Qué haré de mí?
Si,
en fin,
un día cualquiera,
despierto indiferente,
ni alegre,
ni amargada,
despierto estando muerta
sin estar enterada.

- Escrito en 1985 -

II


Hoy cometí osadía.
Pero una de esas grandes.
La oficinista puso
los ojos a un costado,
me miró con dos huecos
de cordial desagrado,
y volvió a preguntarme
lo mismo,
preguntando
como si prefiriera
olvidar lo escuchado:
«-¿Cuál es su ocupación?,
indique claramente,
no sé si me comprende,
su oficio o profesión-»

Y yo,
no sé si terca,
o si sincera,
me atreví nuevamente
con el dato:
«Señorita, ya dije,
soy poeta».
Y ella no sólo puso
los ojos de costado,
convirtió en disimulo
en algo inexistente,
transformó las dos manos
en nada más que gestos,
y puso desde el cuello
un sonido impotente.
«-No es posible, lo siento-»
desmayó en una frase
su extinguida paciencia,
«aún no figura en listas
profesión como esa».
Olfateó el formulario
a punta de birome
y me plantó uno
«no tiene»
justo en el corazón.


III


De sobra me acompaña tanta ausencia.
Lleno mi soledad de muchedumbre.
El temor al recuerdo es sólo herrumbre
sacudiendo mi verso de violencia.

Clamoroso vacío cargado de presencia.
Esta lucha de hombre por el hombre
nos ha dejado cálices y nombres,
nos ha dejado heridas sin conciencia.

Cambio lo no ganado por perdido.
Se me ha tornado arisca la esperanza
y ya no me conforma imaginar castigos.

Rechazo en desagravio a lo sufrido
los presentes intentos de confianza:
he perdido algo más que los amigos.

IV


Aunque haya tanta agua como sed
y entre una y otra
tan perpleja distancia…
y tanto trigo y hambre
y no se toquen…

Aunque se impongan límites a todo
habiendo tanto espacio…

Aunque la vida se endurezca al colmo
habiendo hombres tan blandos…

Aunque la angustia sea valor corriente
y la niñez ignore de sí misma cuánto vale…

Aunque tantos pájaros mueran diariamente
habiendo derrochado la lección de libertad
que nadie tuvo tiempo de aprender…

Aunque se correspondan
exactamente igual de desmedidos:
el lujo y la miseria,
la riqueza
y las manos vacías…

Aunque anden paralelas
las sobras y las faltas,
sólo a favor de algunos
y a desfavor de tantos…
Aunque tantas ausencias
respondan  a la táctica
de tanta prepotencia…
Aunque a tantos archivos policiales
les falte el equilibrio
de otros tantos civiles archivando…

Aunque la denudez acierte al frío
y anda tanto uniforme acalorado…

Aunque la muerte no sepa de treguas
ni la vida de indultos…

Por todo eso y a pesar de todo…
Por lo que hay que dar vuelta
Por lo que ya se ha arado
Por lo que hay que abonar
Por el surco en espera
Por lo que ya sembraron
Por lo que hay que sembrar
Por lo que ha cosechar ayudaremos
Por lo que no podremos cosechar
Por la vida depuesta
y la disposición para la vida…

Por todo
y a pesar…
Por eso mismo
estamos a favor
del gran dolor
de la vida
y de que hay que vivirla
bien a fondo
y golpeando…

V


Es posible falsear al verdad.
Hasta esa virtud tiene
la virtuosa.

Lo extraño es que aceptemos
lo falso como cierto,
lo malo como bueno,
torcido por derecho,
incoloro por cielo.

Da lo mismo.

Total…

La vida nos contiene.

Pero eso tampoco es cierto.
La vida vale tanto
cuanto llevamos dentro.
Y cuando nos mostramos
personeros del fango,
sólo por mantenernos,
no somos más que fango.

Fango es lo verdadero.

VI


Dicen, lo habrán oído,
que Dios lo sabe todo.

¡¿Todo?!

¡¿Será posible?!

Lo sabe todo…
¡¿Y calla?!

VII


Hemos llevado la Esperanza
a que le pongan media suela
y a esa misma de ayer
hoy hemos vuelto a usarla
como si fuera nueva.

VIII


ABUELAS DE PLAZA DE MAYO

Contrariados destinos
que a la sangre rebelan
y a la sangre conmueven
para que no claudique,
para que no consienta.

Una cuna terrible
con terribles arrullos
y manos de asesinos
pretende detenerlas
y no puede.

Una Plaza sin juegos,
donde se desperezan
trincheras de palomas
las vuelve más humanas,
más nítidas Abuelas.

El flanco de la estatua
quiere alcanzar la gloria
que Ellas le desmerecen
con el combate a cuestas.

Manos al fuego vivo
que aún conservan
el amoroso gesto
y ojos que envidiaría
la ternura absoluta.
Las caricias se encogen
y se alargan.
Toda la niñez tiene
perfiles parecidos
y la caricia teme
no poder concretarse.

Se le desapasiona al tiempo
su tarea:
teme andar muy ligero,
teme andar muy despacio.

Abrazos que regresan de la ausencia
y aguijonean la espera,
y se copian las caras de otras caras,
que también son ausencia,
y se piden prestadas las palabras
para espantar silencios.

Se enumeran las hojas de una historia
de la que se arrancaron
personajes a golpes,
y no consiente el hilo de la trama,
e impotente la vida clama y clama,
por restaurar los cauces destrozados.

Una trampa cerrada
espera quien la absuelva
y hasta ella se alborota
de esta instancia.
Cortezas de la vida,
mujeres como auroras
de lo que puede ser.
¡Tan hechas y derechas!
Se emociona la tarde
y se inclinan los árboles
por verlas,
se perfuma el cemento
con sus pasos,
se eclipsa el sol
de puro respetuoso,
la Plaza se estremece
contagiada de anhelos.
El hierro les envidia resistencia,
el oro empalidece ante ese brillo.

¡Válganos tanto ejemplo!
¡Tanta fosforescencia!

Mujeres entereza,
mujeres centinelas,
capaces de cambiarle
la dirección al viento.
Madres por duplicado,
amorosas Abuelas.

Habrá que cambiar vientos rutinarios,
habrá que mover cielos y montañas,
hacer del aire vientos temerarios,
habrá que encender fuegos sobre el agua,
desplazar los glaciares con las manos.
Habrá que remover neutralidades rancias,
tanto olor complaciente de inciensos
y de cirios.
Habrá que atropellar los atropellos,
cambiar los carceleros por los presos.
Habrá que subvertir los pensamientos,
y que se baje el cielo
y se interese,
y que suba la tierra
y se constele.

IX


Salgo a mirar la luna
y es la misma,
y es lo mismo este cielo
y sus estrellas.

Aún no se escucha el canto
de los grillos,
ni hay titilante vuelo
de luciérnagas.

No perfuma el jazmín,
no ha dado a luz el césped,
no anidaron gorriones
y aún el árbol
luce sus ramas secas.

Pero hay algo en el aire
que no se ve ni se huele.
Todo está en el ambiente
y expectante,
todo se anuncia mansa
y quedamente,
muy silenciosamente.
Se terminó la espera:
veintiuno de setiembre
¡Es Primavera!

X


Aquel mundo chiquito
de la infancia,
sin límites, ¡inédito!
Enorme a la distancia.

Vuelvo por su abundancia,
por su valor de rondas,
por sus agobios
de siestear forzoso,
por unas manos, vuelvo,
que me peinan
dos trenzas como alambres,
regreso por un moño almidonado,
por unos zapatitos colegiales
y en un par de poesías a la Patria.

Trastabillo en los tacos
de mi madre,
robándole carmín a los malvones
que afinan en mis manos
envidiada elegancia.

Hay un perfil
de fiesta campesina
en un marzo
dorado en los duraznos,
y en la vendimia urgente
que agoniza.

Vuelvo a las escondidas
en el patio emparrado
de la abuela,
a tirarle en un salto
el piedralibre
a la boca sedienta del aljibe,
y salgo a las veredas
en patota
a estrenar delincuencias inocentes
golpeando puertas
a decididas horas
de molestar vecinos.

Vuelve a asustarme
la primera envidia,
leyendo de puntitas
los góticos renglones
de aquel Cuadro de Honores.

Y en un enero
de sol apasionado
mi cuerpo niño
lo refresca un río
que es el sudor
de mis montañas.
Elas,
las majestuosas sombras férreas
imperturbables horizontes
de los viñedos alineados,
de los perturbadores duraznales
y ciruelos.

Vuelvo hacia este paisaje,
y mi mano se deja
entre los grandes dedos
de mi padre,
y me vuelve su olor,
su vuelta del trabajo
con aroma salado del esfuerzo
mezclado con gomina
y con tabaco.
Y en un regreso a fondo
de melancolizado atardecer,
me voy en el regazo
de la abuela,
hacia un pueblo campestre
de su España,
y no entiendo su pena
ni sus lágrimas,
ni que le duela el tiempo
ya pasado,
ni el relámpago herido
de sus ojos
cruzando lo que fuera
aquel mundo chiquito,
el mundo chiquitito
de su infancia.

XI


Yo me vuelvo a una siesta polvorienta,
veinte veces atrás,
años contando.
Irrumpo en un verano,
y en tus manos,
y a la sombra de talas majestuosos
voy de nuevo a esconder
nuestros rubores,
nuestra intención tan tibia
y vergonzosa.

¿Recordarás mi risa en guardapolvo?
¿Mis rígidas chapecas escolares?
¿El blazer oficial y obligatorio?
Y aquellos besos míos,
y el impulso atajado
apenas un destello, presuroso…

Yo recuerdo aquel viento tan caliente,
aquellas rabonas necesarias,
aquella calle umbrosa y silenciosa,
tan lejana del pueblo y las miradas…

Hoy no sabría indicar
dónde quedaba…
¿Recuerdas cómo llegar a ella
después de tantos años?
Yo me iba tras de ti…
Me viene a la memoria un alambrado.
Lo cruzábamos saltando por encima,
ahí me dabas la mano,
y de allí en más,
ni yo la retiraba
ni vos me la soltabas.
Y andábamos un rato entre los surcos,
la altura de las viñas nos tapaba,
pero el sol, y aquel azul intenso,
nos hacían sentir como en la plaza,
a merced de los chismes,
a riesgo de mirones,
y andábamos callados y ligeros.

Le arrancábamos ambos
un racimo al viñedo,
y nos lo intercambiábamos risueños,
y por no desprendernos de las manos,
arrancábamos granos a mordiscos,
y comíamos un dulce
siempre amargo,
comparado al idilio
que gozábamos.

Y al final de la viña
aquel camino,
bordeado de talas tan robustos,
tan de copas unidas,
que formaban una larga bóveda
por la que caminábamos sin prisa.

Y allí un hilo de besos...
a darnos manotazos contenidos,
y a ver qué tal encaja
tu mano en mi cintura.

Tropezándonos entre nosotros
íbamos,
pero sin detenernos,
por miedo, por precaución tal vez,
pero encendidos.

Al fin de aquel camino
todo un lujo de sol nos detenía.
Pegábamos la vuelta
de la mano,
y de a poco, otra vez a lo mismo.

Y a cruzar el viñedo,
y robar el racimo
y mirarnos la risa,
y soltarnos las manos,
y cruzar todo el pueblo
y esperar desde entonces
otro día propicio.

Hasta aquél,
que ni uno ni otro
supo que sería el último.

De allí nos dimos a otros rumbos.
De vos nada he sabido,
de mí, al cabo, no mucho.

Me fui de aquellas siestas
eléctricas de sol, viñedo y talas,
a otras siestas de alarmas,
de escaleras mecánicas,
de pujas, competencias y cemento.

No niego que he vivido.
Pero agregar más luz
¿a aquel destello?
¿más paz a aquel retiro?
¿más gozo a aquella plenitud?
¿más alegría a aquella dicha intensa?
¿Cómo podría?

Sólo así,
volviendo en el recuerdo
veinte veces atrás,
años contando.

XII


A mí me falta y sobra abecedario,
y diccionarios gruesos como troncos
me saben miserables e incompletos
cuando componer quiero
nada más un poema
a esta inmensa mujer,
luminosa y sencilla
que me tocó por madre.

Y me pregunto entonces
de qué vale este oficio,
mitad deber y hobby,
si no me sale un verso
como un himno,
que me la adorne toda,
que me la pinte
humilde, creadora y costurera
de las mejores virtudes que poseo.

De qué vale,
me digo,
si no encajo
las sílabas exactas
que muestren de esta madre
los rincones
profundos y dispares
como julio y enero.
Su indestructible aliento
de mujer luchadora,
la fibra transparente
de su melancolía.
De dónde saco yo
el palabrerío
para poder ganarle
en algo a la magia poética
de su ternura necesaria.

Cómo le copio en verso
su templanza,
y le refriego al mundo
tanto orgullo
por este privilegio, ¿cómo?

Yo quiero regalarle
un buen poema,
uno que le haga rima
con esa esencia grave,
con la pobreza digna
capaz de sacar todo
de la nada.

Pero no te seguí bien
en las lecciones, madre,
y no me sale.

Pero a la larga, Vieja,
seguro ha de gustarte
saber que lo intenté
con especial cuidado
y si no lo he logrado
no sólo es culpa mía,
es que a vos, mamá mía,
debieron dedicarte
poemas, nada más,
los que saben.

- Escrito en Octubre/1985 -

XIII


Del cansancio al cansancio voy y vengo
en un solo dolor, grave y profundo,
se agotan mis pesares y mi mundo
y se agota mi falta y lo que tengo.

Crujiente van mis huesos con crujidos
que ni empiezan en mí ni en mí terminan,
ni cesan de brotar ni se me agotan,
confundiendo mi sangre con sus ruidos.

Al cansancio, al dolor y a mis crujidos
mi corazón reclama algún alivio,
rogando está un consuelo y un reposo.

Aunque me ruegue y clame en el oído
no tengo, aunque quisiera, sitio tibio
donde alcance su antojo avaricioso.

XIV


Mi corazón derrama soledades.
Soledades arrastra mi cerebro.
Raíz ceñida a todas mis edades,
más quiero enderezarme, más me quiebro.

Sigo los rastros del que me precede
¡Tanta insistencia vana por vencerte!
¡Tras de mi huella está el que me sucede
¡Duro luchar para encontrar la muerte!

Andamos juntos sin lograr juntarnos,
la piel resiste la marca de las manos,
Se nos secan las cuencas sin mirarnos
¡Solitario penar con este intento vano!

martes, 21 de agosto de 2012

XV


¡Y ayer nomás estábamos tan niños!
Trenzándole a la vida canto y tono,
tumultuosos de aliento y de rocío,
desnudos de recuerdos,
confesos de heroísmo.

Apenas duró el paso de una luna.
Apenas si fue el beso
escurridizo de una ola.

De pronto caravanas de ojos fijos,
horizontes sin luz.
Ventanales al humo,
al hielo, al miedo.
Al dolor y a la muerte, ventanales.

Maduramos de susto
y de impotencia,
de cuerpo a tierra
y a punta de tacón grueso calibre.

Tuvimos madurez sin esperanza,
ensimismada madurez
de tronco hueco.

La falta de la luz
secó el rocío,
el miedo a la crueldad
cortó el aliento.
Y andamos hoy,
de golpe
con la adultez a cuestas.
Desangrando un pasado
de decretos,
a nosotros el yugo,
la lámpara a las bestias.

Y andamos con la rabia
y el pasado,
con el vacío,
la lucha y la intemperie.

Devoramos el tiempo
a mordiscones,
resistimos el odio
a dentelladas.

Herido el corazón de realidades,
niega obstinado
que es un galgo herido,
machacando tenaz su letanía:
¡si ayer nomás estábamos corola!
¡si hace tan poco estábamos tan niños!

XVI


Una hoguera turbulenta
de roja y pujante llama
consumiéndome violenta
me rechaza y me reclama.

Por un costado me rige
con chispas abanicadas,
por otro costado elige
lamerme con bocanadas.

Resisto de encandilarme,
de enceguecerme resisto,
y al mismo tiempo, anhelante,
contra las llamas embisto.

Recojo una brasa ardiente
que es un hechizo seguro:
muestra mi brillo presente,
guarda mi negro futuro.

Entre sus lenguas de fuego
suelto y recojo la risa
y, en un ademán de ciego,
del fuego esparzo ceniza.

Esta llama violenta me condena,
lengua que ni me suelta ni me envuelve,
crujiendo dentro y fuera de mis venas,
premonición mortuoria que me envuelve.

Quémase hoguera voraz,
soberbia y arrebatada.
¡Quema! ¡no me des sosiego!
¡Quémame mientras resisto!
¡En tanto que en ti me quemo
dice el corazón que existo!

XVII


Hay veces que me siento
cargada de presente,
sin una historia atrás,
casi una ausente
de mi propio pasar
y de mi gente.

Veces que me sorprende
tratar con el dolor
tan confianzudamente
y hacer tanta abstinencia
de alegrías.

Converso con amigos
que se niegan
a declararse muertos,
y me pesan ausencias
ya lejanas
como aún no estrenadas.

Veces hay que me siento
propensa a recordar
lo no pasado,
pero viene…
y hay tanta turbación…

Veces en que me siento envejecer
pausada y felizmente,
y andar en tal estado
como en vieja costumbre
amada e insistente.

Veces hay en que siento
sonidos de campanas,
pero negras,
y mi pupila vaga
en la subluz
de un subsol y subluna
intermitentes.

Veces que me acompañan
otoños en creciente,
y es un cuarto menguante
la vida, solamente.

Veces hay en que tengo
predilección de olvido,
vocación por la nada.

¡Tanto y tanto presente!

¡Aparta!
Aparta soledad,
que estoy cansada.

XVIII


Antes de que se sequen
en mis labios los besos
para siempre,
y se descuelguen las caricias
que sobraron
sin que las note nadie,
ni aproveche.

Antes que la pupila
irremediablemente quede
sin reflejo,
que un hielo,
ya ni húmedo ni seco,
me resume en los poros
contraídos.

Antes que las neuronas
no den fruto brillante
ni mediocre,
que ansias de honestidad
y aspiración de justa
no lleguen
ni a frustrado intento.

Antes que absurdamente
queden mis dos pulmones
como adorno,
que el hueco del costado
migre de nido a tumba
y que mi vientre acepte
indiferente
los siglos sin comida.
Antes de no ser ya,
siquiera,
lo que he podido ser,
quiero,
antes que ocurra todo
lo que entraña la nada
para siempre,
haber vivido un día,
da lo msimo unas horas,
con la exacta conciencia
de las cosas.

Descifrar el misterio
de lo simple y sencillamente
equilibrado.
El punto en que la risa
es sólo risa,
equidistante centro
entre la carcajada
y la sonrisa.

El punto en que el valor
es exacta medida
entre lo temerario y lo cobarde,
y en que la libertad
es un total despliegue
sin barrotes de adentro,
ni cárceles de afuera.

En fin:
a perfecta distancia
oler la rosa,
beber el agua
sin que lleguen a sed
las simples ganas,
morder con apetito
ya distante del hambre
y de la inapetencia.
...y mirarme a sus ojos
en el momento justo
en que él me vea
como yo quise ser...
y no me pude.

XIX


A mi pesar, tal vez, tengo intenciones
de abandonar recuerdos y pesares,
pero más perspicaces que mi anhelo,
mixtura de mis músculos y nervios,
me disocian la risa sin visiones.

A punto de un derroche alienatorio,
de un hipercurso estado indiferente,
a punto de batirme en retirada
y mostrarme adaptada e inconciente,
viene siempre un recuerdo a contramano
viene algún sacudón,
indefectiblemente.

No hay evasión posible que no tiña
como un hilo de sangre,
y no hay alejamento tolerable
en el que sabe
que al consumir oxígeno
comparte el mismo aire,
y en la misma medida
con un nasal desfile,
con una miscelánea de narices voraces,
un desmadre de fosas apareadas...
Lo mismo toman aire
los buenos que los malos.

¿Y yo dónde me pongo?
En qué estante me ubico yo esos días
en que, a pesar de mí,
me digo: ya es bastante,
me vuelvo individual y divisible,
me tomo de mí misma
como de un buen amante,
y me digo sin más
que de hoy en adelante
a gozar de la vida,
a mimarme y colmarme,
ya basta de recuerdos
¡y basta de pesares!

Qusiera que me entiendan...
Son días tan corrientes,
idénticos a tantos,
que nadie da siquiera alguna muestra
de haberse dado cuenta
de que mi neurastenia
se ha agravado.

Son días como tantos...
Sólo como les digo...
les decía...

que a mi pesar tal vez tengo intencioens
de abandonar recuerdos y pesares,
pero, igual que mi verso, me desgajo,
lo mismo que mi rima me desmano,
y agradezco que exista la vergüenza,
y que pueda conmigo mi conciencia,
conmigo mis visiones y pesares,
conmigo mis recuerdos a trasmano...

XX


El día que la palabra
libertad
sea algo más,
al menos, digo,
que sólo una palabra...

Digamos algo así:
una especie de herencia,
puede que caigan unos
dispuestos a gastarla
total, completamente.

Qué sé yo...
en un derroche
absurdo, aún indecente.
Y puede que haya otros
de una avaricia extrema,
de esos omnipotentes
incapaces de usarla
y menos concederla.

Pero siempre habrá
algunos,
de los que yo,
imprudente,
impulsos siento
de llamarme hermana,
siempre, entiendo, habrá alguno
capaz de no ceder,
de confrontar urgencias,
de revisarla bien,
no sea que equivocados
la llamen libertad
a otra celada.

Dudas que da este tiempo
de confabulaciones y emboscadas,
tensándonos en un adiestramiento,
porque hasta respirar nos amenaza..