martes, 13 de agosto de 2013

Un año sin Delia.

“Mi vida se hace al contarla
y mi memoria se fija con la escritura;
lo que no pongo en palabras sobre papel,
lo borra el tiempo”.
Isabel Allende


Delia fue, esencialmente, una mujer buena. Buena hija, buena hermana, buena compañera, buena vecina, buena madre, buena amiga, buena tía, buena nuera, buena cuñada, buena suegra, buena abuela... Buena y mucho, ya lo dije antes... Todo mucho. Un ejemplo para mí, en este mundo huérfano de valores.

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

Ejemplo de hermana, ejemplo de madre, ejemplo de luchadora. Soy lo que soy, sobre todo en las virtudes, porque Delia me acompañó durante más de medio siglo... Sin dudas el amor más extenso de toda mi vida... Delia tenía una gran capacidad para transformar mis miedos en esperanzas, mis demonios en amigos, mis defectos en virtudes. Ella a todo le encontraba ideología y la aplicaba a mis venenos y me los devolvía en remedios. Nadie más ha tenido esa hercúlea particularidad en mi vida... Dadivosa, derrochadora de amores y de gestos amorosos, siempre encontraba la palabra exacta que se convertía en mi voz.

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

Me aterra haber perdido el último eslabón que me unía con mi infancia. La constructora, y portavoz, del relato más objetivo y más subjetivo, al mismo tiempo, de mi historia. Me aterra esa soledad “de antes” en la que me ha dejado...

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

¿Alguien sentirá por mí cuando yo muera esta inacabable sensación de andar a la deriva, esta tristeza que no cesa? ¿Quién sino ella podría entender esta aflicción? ... Este vivir con media alma... A la vez me consuela saber que no padecerá ella esta locura de lágrimas...

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

La calesita de la esquina de mi niñez, su sortija, mis zapatos guillermina tan difíciles de abotonar para mis torpes dedos, mis terrores nocturnos y su mano por debajo de la almohada, mi portafolio de primer grado, los cuadernos forrados de azul araña, la ancha escalera de la Normal Mixta, mi “hacerme señorita”, la estación de micros pueblerina, las llegadas a Retiro a visitarla, los primeros dolores amorosos, las más íntimas confidencias, las primeras pérdidas esenciales, mis primeros pasos militantes, mis primeros duelos, mi maternidad, mis miedos... Todo está atravesado por la presencia de Delia y hoy desamparado por su inexplicable ausencia.

Un año... 12meses365días8760horas525600minutos31536000segundos...
Segundos, minutos, horas, días, meses... toda la edad de un dolor que no tiene tiempo de vencimiento.

Tengo la certeza de que el resto de mi existencia estará sostenida por esta pena infinita y por el temor a que se sumen otras penas y no tener a Delia para contenerme.

Editorial de Radionautas

Editorial que Delia escribió para el programa de Radio para chicos, Radionautas en el Aire, que hacía junto a Guadi y Marina...

Editorial
Hoy es sábado 7 de octubre de 2006 y estamos dándoles la bienvenida a los y las oyentes de Radionautas en el Aire. Bienvenida… bienvenida…
Che, ya que estamos con esto de la bienvenida ¿por qué no poner en claro que también tenemos para dar una que otra malvenida?, ¿qué les parece, chicos?
¡Hay tantas cosas que no sólo merecen que demos una fuerte malvenida sino que digamos: ¡¡basta!!, ¡¡fuera!!, ¡¡acábenla!!!
Hoy, por un momento, nos detenemos a decirle a los que tienen poder y hablan y hablan de arreglar las relaciones en el mundo que empiecen, calladitos, por hacer cumplir los derechos de niñas y niños para TODOS los chicos y chicas del mundo.
Ese sería un hecho realmente importante. Ahí sí comenzaría a cambiar para mejor el mundo. Porque los niños y las niñas que reciben los que sus derechos les prometen, sonríen. Y si todos los niños y todas las niñas del mundo sonrieran, esto sería otra cosa, ¿o no?
Bueno, vamos a ver si los y las radionautas sonríen durante el programa. ¡Empecemos, nomás! (MDM)


 (Publicado por Guadi en su Facebook, al cumplirse un año del fallecimiento de Delia   poniendo, entre otras cosas, “Bueno, siendo que se aproxima el Día del Niño (y de la Niña) les comparto este texto que ella un día leyó al aire y de paso la homenajeo con todo mi amor y recuerdo. Soy como soy, en parte, gracias a ella también!...”)

sábado, 13 de julio de 2013

Ballerinas

A dieciocho años del primer instante. 
24/4/97


Rosas o, cuando más, marfil de luna.
Combas, como una aleta en pleno vuelo.
Llenas de gracia, cual Ave Maria.
Vocaciones de aires y de ciclos.
Paralelas corpóreas de la vuelta.
Círculos incorpóreos de lo recto.
Vértices invisibles de los mimbres.
Curvas inconcebibles de los planos.
Compañeras artistas del artista.
Gracia del pie gracioso y agraciado.
Moldecitos de raso con puntera.
Puntas de la paciencia enamorada.
A la medida de la danza misma,
por los cuatro costados, danzarinas,
fugitivas pisadas suspensivas,
zapatillas de punta, ballerinas.

Mamá (María Delia Matute)

Publicado por Magdi en fcbk el 13/7/13

COMO EN AQUEL TOBOGÁN GIGANTE


En mi San Rafael natal, por allá por los inicios de los ´70, instalaron en una esquina un “tobogán gigante”. Una especie de gran deslizadero artificial por el que las personas se dejaban resbalar por diversión sobre una mole descomunal y de altísimas curvas.
Muy pronto se puso de moda y fue, durante algún tiempo, el más bullicioso punto de encuentro de amigxs adolescentonxs... Allá íbamos con mis hermanxs y todxs mis primxs. Yo era la menor y me llevaban no porque querían sino porque lxs obligaban lxs adultxs de la familia en gran alarde de psicopedagogía...
Era un extraño entretenimiento en el que había más miedo y vértigo que placer... o por lo menos así era para mí. Una explosiva mezcla de miedo y alegría difícil de soportar.
Delia ya vivía en Buenos Aires en aquel momento, pero fui con ella un par de veces cuando andaba por allá vacacionando... Fueron esas las pocas oportunidades en que me sentí segura sobre esa raída alfombra que nos permitía deslizarnos por los acentuados vaivenes del coloso. Delia, como siempre, comprendía mi miedo y me daba el aliento necesario y respetuoso que yo necesitaba. Mis primxs, y ni hablar de mi hermano, solían reírse y burlarse de mi susto y obligarme a “ir adelante” que era lo que menos me gustaba (yo nunca me tiraba sola). Así se vengaban de mi obligada presencia... Y yo hacía como que no me importaba.
Estos últimos once meses de mi vida han sido como aquellas tiradas por el “tobogán gigante”... pero agigantado.
He vuelto a sentir aquel mismo vuelco en la boca del estómago que me dejaba sin aliento cuando esa montaña enloquecida se desplegaba a mis pies y allá en lo alto me sentaba en la estera roñosa para iniciar el salto.
Ha retornado a esa sensación de acrofobia mezclada con la risa de la diversión.
Descomunal sensación que no tiene nombre.
En estos once meses he llorado cada noche antes de dormir (también en muchas madrugadas). Pero he tenido a la par la emoción de premios.
He convivido a diario con la desgarradora tristeza mezclada con la alegría, por ejemplo, del nacimiento de sobrinxs-nietxs.
Han  ido de la mano las ganas de seguir durmiendo con la ilusión de nuevos proyectos; el frío de la ausencia con el abrazo amigo.
Se han codeado mis peores fantasmas con las concreciones de mi retoño y los sueños de mi compañero...
Han cohabitado las más oscuras fantasías y las más radiantes ilusiones.
He insultado al universo desgarrada de dolor. Pero también he cantado, he leído poesía, he estrenado un vestido.  
He quedado estaqueada en una esquina creyendo ver a Delia en la vereda de enfrente. Y he descubierto que se puede estar paralizada y seguir caminando.
He querido detener el tiempo y he rogado que pase pronto.
He quedado atónita marcando su número de teléfono en reflejo inconsciente del deseo, y he recibido llamados del reino de la maravilla.
He atravesado oscuridades desconocidas y al mismo tiempo he estado iluminada.
He asistido al derrumbe de mi alma hasta el fondo de sí mismo y casi de inmediato lo he visto renacer en esperanzas.
Intensas y violentas sensaciones.
Me he culpado por sonreír y al rato he reído a carcajadas.
Así de extremo este tránsito sin descanso que me lleva del temor a la audacia y del destierro de mi ánima al centro de mi yo resucitado.
Como en aquel niño sentir de mi pasado. Cuando necesitaba ese abrazo para dejarme caer confiada hacia el vacío. Nada ha cambiado desde entonces. Sigo necesitando aquel abrazo fraterno y fundacional que supo sostenerme, aquel abrazo irreemplazable, aquel abrazo acunador y respetuoso de toda mi sorpresa. Y no lo tengo. Entonces me lo invento. Llega ahora amasado desde adentro y rehecho en quien entiende. Vuelve en recuerdos, en añejos regalos, en preciados objetos, en fotos bien guardadas , en tesoros de papel  amarillento.
Once meses de “tobogán gigante” sin ese abrazo. Y a la vez sostenidos por el mullido colchoncito de nuevas huellas y un sin fin de promesas a cumplirse. Entonces me deslizo, ya sola y sin reversa, por los desniveles pronunciados de una vida sin Delia.
Pienso en ella cada noche, cada mañana, cada día. La necesito, la requiero. La convoco y la invoco. Pero el tiempo va pasando aunque lo niegue, aunque me emperre en detenerlo. Y dicen que es el tiempo “el gran regulador de todo”. Eso dice mi Sofía*... Y ha de estar en lo cierto.

13-7-13 
(a once meses de la ausencia)

* Sofía es el personaje de "Más frágil que el silencio", de Daniel Zaballa.

martes, 9 de julio de 2013

Un mundo para Julius

Un poco de consuelo encuentro cuando encuentro su palabra, sus regalos... Hoy es uno de esos días en que su ausencia es una presencia constante... constante...


martes, 25 de junio de 2013

UN POCO DE HISTORIA... (y de histeria)

24/6/75... En medio de un profundo malestar, el país entero cumple con la Huelga General decretada por la Confederación General de los Trabajadores (C.G.T.). El peronismo en el gobierno, con la "compañera y atosigada" Isabelita como Presidenta de la Nación y el siniestro y secuaz (compañero) Lopez Rega, y demás (también compañeros y atosigantes...).
A las 4 de la tarde de ese día, ideal para no salir ni a la vereda, con una temperatura ambiental, política y social de -0º, Marina dio su señal indiscutible de que había deciddio instalarse en este mundo. Era necesario llegar al Hospital; el vecino acomedido que ofreció su auto no tenía nafta suficiente, todas las estaciones de Servicio estaban en huelga, no había un colectivo que circulara y taxis no se veían ni estacionados. Contracción va, contracción viene, otro vecino consigue a otro que tiene auto, 20 años, buena onda y un susto que supera al que tiene la que va a recibirse de mamá, lo que es mucho decir, pero así era.
Felizmente, con una Marina amenazante llegamos a un hospital en huelga, respetada hasta por los enfermos. Eran las 6 de la tarde, pero a pesar de su ofuscamiento, Marina consideró justo el Paro Nacional y aplza su nacimiento, sin dejar de amenazar sistemáticamente durante 7 horas.

25/6/75... A la hora una, con inolvidables berridos, 3 kilos de peso y 53 cms. de altura, ingresó a esta vida Marina. Luminosa, empecinadamente linda, como hasta ahora...

(Escrito por Delia para la invitación al cumpleaños Nro. 15 de Marina)



lunes, 17 de junio de 2013

Frase

La docencia es la única profesión que crea todas las demás profesiones.
Le avisan a quién corresponda.
(MDM)

miércoles, 12 de junio de 2013

Sin edad (10 meses)


Sin edad.
Así ando... sin edad.
Así he quedado... sin edad.
Como antes. Como hace un milenio. Un minuto.
Ayer, con la muerte de mi padre quedé grande siendo niña...
Hoy quedé niña siendo grande.
La muerte a destiempo me deja sin edad.
Mi padre... tan joven. Dejándome sola. Adolescente adulta, envejecida.
Mi hermana... tan necesaria. Dejándome sola. Adultamente niña, desprotegida.
Así me siento. Sin edad. Como antes. Como ayer. Como hace un rato.
En esa grieta de edades a destiempo voy cayendo. Atravesar quisiera la edad que tengo. Y quedarme.
Pero adolezco. Y no puedo.
Chiquita me siento, apenas niña. Buscando ávida esa mirada concentrada de amor que me alivie el miedo que me da la noche. Endeble púber me siento, buscando su palabra que explique el desconsuelo. Adolescente ilusa me siento, buscando ansiosa su mano solidaria para cruzar la calle que me lleve a la adultez. Absurda y sola me siento. Aún estando acompañada. Patética en mi herida recién inaugurada, me siento. Vetusta y doncella. Matusalénica y manceba.
Sin edad, me siento.
Caminando a tientas en una oscuridad que no invita pero deglute.
Sin edad. Sin brújula. Barrilete sin cola, me siento.
Estirando la mano desde esa grieta en desesperado gesto estéril por sentirme otra vez en su regazo. Hermana inmensa que trasmutó en madre, en amiga, en cómplice. En compañera.
Es que el dolor a destiempo no tiene edad. O, mejor, al destiempo del dolor no hay edad que lo soporte.
De a ratos, muchos, esta edad sin edad que me taladra se me vuelve intolerable.
En otros, menos, sólo la extraño.

13 de junio. A 10 meses...

martes, 11 de junio de 2013

Diario íntimo - 1977 - Joyitas del tesoro de los recuerdos...

Encontré un "diario íntimo" que comencé a escribir en 1977.
Esta es la primera página:


"Este el el diario de mi vida. Aquí están escritas todas mis vivencias. Mis recuerdos y mi significado para vivir. Aquí está escrita toda la sincerridad co la que puedo juzgarme, criticarme y tratar de corregir mis mayores defectos.
Si por alguna razón yo desaparezco de este mundo dejo encargada a mi hermana, María Delia Matute, única persona en quien cofío que lo destruya sin dejar una sola hoja y si por alguna razón de cariño desea conservarlo, deseo, pido y ruego que lo cuide para que nadie más lo viole (no me importa que ella lo lea porque todo lo que aquí escribiré ella lo sabrá dado que es la única persona me entiende y aconseja)
Esta es mi volutad, a los veintidos días del mes de may de 1977. Espero que sea respetada y aquel que no lo haga lo condene su conciencia."
Stella Maris Matute
22-5-77

Del diario íntimo de la adolescencia

Joyitas que voy encontrando en mis cofres del recuerdo:


"Todos los días pasaba por la puerta de un almacén y quedaba reflexionando sobre el pintoresco letrero que tenía. Se llamaba “Restaurante Sin Nombre”, y ese era su nombre; como cuando uno dice “nada quiero decir” y lo está diciendo o cuando nos preguntan algo espinudo y uno se queda en silencio, y con el silencio se está diciendo mucho más que con las palabras. Creo que no se puede eludir la responsabilidad que uno tiene frente a la sociedad o a la gente que lo rodea, yo creo que no existe el indiferente, el apolítico, el independiente. Creo que todos estamos comprometidos desde que nacimos. Si el hombre ha podido vivir y desarrollarse durante tantos siglos ha sido gracias a los que han estado comprometidos con sus hermanos de lucha, de clase, de trabajo. Yo creo que el poner nombres a las cosas no tiene importancia. Lo que sí tiene importancia es no clasificarnos, encasillarnos como si fuéramos una cifra, un número de teléfono, un trámite. La vida no pregunta si uno quiere o no comprometerse. La vida nos da el aire, el calor, la vista, una mirada, el amor... Entonces qué importa cómo se llaman las coas, si por último tendríamos que aprender tantos idiomas para expresar el amor que sentimos por Chile, por América, por el mundo, por mi hija, mi hijo y por todos los que tienen que nacer."
VÍCTOR JARA


(Mi hermana Delia me hizo conocer esto. Y se convirtió en un texto muy importante para mí. Todo lo que me enseña Delia es importante porque son cosas bellas que me sirven para ser mejor. Julio de 1977)

miércoles, 5 de junio de 2013

6 de junio



Escribo como si fuese a salvar la vida de alguien.
Probablemente mi propia vida. 
CLARICE LISPECTOR


6 de junio
“La Anunciación”, novela de María Negroni, fue el último regalo que le hice a Delia.
En cuanto empecé a leerlo supe que iba a regalárselo y deseaba hondamente que no lo tuviera.
Supe que era un libro que ella amaría.
Unos días después de aquel regalo (el 24 de junio), ella me escribió: “Antes de seguir, quiero escribirte Ste, porque vengo a las corridas, escribo, y me va quedando esto: 1) hermoso el libro que me regalaste, estoy enamorada de La Anunciación (no me lo dedicaste, te olvidaste); 2) ... ”
No... no se lo dediqué. Primero, porque no sabía si ella lo tenía, y luego porque había tiempo...
“La Anunciación” es un relato sobre la memoria. Ese desordenado y necesario utensilio que nos permite edificar el pasado. Y como en la memoria, los hechos allí se presentan fragmentados, convocando y evadiendo melancolías.
“La Anunciación” es un libro que indefectiblemente me lleva a Delia. La identifico con su protagonista... La veo allí, en esa ficción que ensaya versiones de un pasado que nos envuelve, que nos involucra y que a ella la atravesaba.
“La Anunciación” me ayuda en muchas noches de insomnio a construir el fantasma de su ausencia y con él reconstruyo en tiempo de memoria el pretérito de mi tiempo. De nuestro tiempo juntas, que es mi vida toda.
Hoy hace exactamente un año que le regalé “La Anunciación”.
Mi último regalo en su último cumpleaños. Fue una noche hermosa, mansa, íntima... con locro, niños, risas, charla, mate y abrazos... donde nada, absolutamente nada, anunciaba el horror y lo incomprensible del futuro cercano.
"La Anunciación" era sólo una novela conmovedora y onírica...

La extraño tanto...

sábado, 25 de mayo de 2013

25 de mayo, a 10 años...



El 25 de mayo de 2003 lo pasé, por supuesto, en casa de Delia. Sentaditas en la cama de mi madre (también era su casa en aquellos tiempos) las tres juntas vimos el acto de asunción de Néstor Kirchner. Discutimos ese día con mi hermana. Ella no confiaba en él... Yo tampoco. Pero a ella la atravesaba el enojo y a mí la esperanza. Le pedí que confiara un poco, que le pusiéramos un poroto... y me tiró con la historia de esos últimos años por la cabeza. A mí me costaba mucho discutir con ella. Pero ese día me mantuve en mi postura lo que costó que viéramos todo el acto en un tenso silencio. Cuando ya al atardecer decidí irme salió a despedirme a la puerta de calle y abrazándome apretado me dijo: "Ojalá tengas razón, Ste, y sea yo la equivicada. Lo deseo con el alma".
La fui viendo esperanzarse, emocionarse y comprometerse con este Proyecto Nacional y Popular.
Compartí con ella las lágrimas tristes del 27 de octubre de 2010 y las de alegría del 10 de diciembre de 2011... Plazas compartidas...
La extraño tanto hoy, mientras organizo ir, una vez más, a esa misma Plaza que nos convoca...

Está en este blog, pero aquí posteo lo que escribió el día que Néstor se fue... Eso resume su devenir entre su desconfianza del 2003 y ese fatídico día...

domingo, 12 de mayo de 2013

Eso de abrirse al corazón



Eso de abrirse al corazón
tiene su riesgo, su parte buena
y uno que anda siempre a la defensa
carga tanto miedo a sus espaldas
se armó su casa, su coraza
de este costado izquierdo nadie pasa...

Eso de abrirse al corazón,
dejarlo dar la cara a los demás
y que busque un lugar donde tenderse
y confundirse en fraterno codo a codo.
Un solo corazón de corazones
confiando en ser amado, amando tanto.

Eso de abrirse al corazóm,
aunque uno duda y teme los fracasos,
puño entreabierto, héroe cotidiano
pulsando la verdad, tomando y dando.
Con ese único oficio, aunque nos duela,
de asumir dicha y pena, risa y llanto.

Eso de abrirse al corazón,
dejarlo abrir de par en par, 
cara a cara al mañana y al tal vez,
animando confianza y aguantando herida, 
abierto, pulso a pulso, y pese a todo
a lo que puede aún llamarse vida.

MARÍA DELIA MATUTE


(Aporte de Nahuel. ¡Gracias!)

sábado, 11 de mayo de 2013

El duelo en los tiempos de la inmediatez


"...la tragedia siempre siembra
un silencio pesado."
María Negroni

“Después del final de la palabra
empieza el gran alarido eterno”.
Clarice Lispector



Me declaro absolutamente incompetente para comprender la muerte.
Me declaro absolutamente incapaz de aceptarla.
Sería lógico, y deseable, que si venimos a esta vida con la única certeza de que vamos a morir y comenzamos a morir con el primer aliento, viniéramos genética, natural y biológicamente preparados para comprenderla y aceptarla.
Pero no.
Y no me vengan con tonterías. Que estoy en la etapa de la ira...
Para colmo hoy vivimos con el tiránico mandato del “ya”. Todo es inmediato y efímero y fugaz y los duelos no escapan a esa consigna.
Me exigen, buenamente, un duelo urgente...
Entonces los engaño... Les doy el gusto...
No hablo. O hablo poco. Y sonrío. Y digo “bien”. Y trabajo, como, camino, proyecto, brindo, actúo, origino, procedo... Y apenas si digo lo que me pasa. Apenas, lo juro. Aunque lo que me pasa sea tanto que en cuanto lo esbozo, ahoga.
Acepto en disconformidad absoluta la soledad del dolor. Y descubro sorprendida que esa soledad se construye exactamente por eso... Porque cuesta mucho soportar el dolor del otro.
Pero es así, y es razonable.

Todo ha sido tan inmediato. Tan vertiginoso. Delia se fue tan súbitamente, acechada por el arrebato de la estúpida muerte; y rodeada por el estupor de los que no podíamos comprender y seguimos sin poder hacerlo.
Tuve que despedirme con apremio, con urgencia, fugazmente, de su inteligencia, de su vitalidad y de su compañía.
No tuve lucidez ni claridad para despedirme de ella gloriosamente, y me niego entonces a tener un duelo efímero. Aunque sea en soledad.

Esta semana de mayo coincide exacta y demoníacamente con la de hace nueve meses. Domingo 5. Lunes 13. Nueve meses.
Nueve meses han pasado y es nada. Sigo ahí, ahí, absurdamente asombrada; ásperamente rota; toscamente derribada. Ahí. Sigo ahí, rogándole que me perdone mi inmadura ineficiencia. Sigo ahí, culpándome por no poder cumplirle uno solo de sus expresos deseos, ni una sola de nuestras risueñas fantasías. Sigo ahí, sin poder cumplírselos. Y no podré cumplírselos ya nunca. Porque no pude cantar (qué ocurrencia) y seguiré llorando. Porque no puse música. Ni al Ché. Porque no pude evitarle cruces ni flores. Porque no pude ocultar el pudor de su pequeña palidez... Porque no será del agua ... Ni de la Plaza. Porque quedé estaqueada a la última morada. Sin palabra ni acción que la contenga. Sin relato que la explique.
Eso sí: propuse un brindis, eso pude, y brindé con un malbec, que a ella tanto le gustaba, por lo mucho, por su luminosa vida tempranamente interrumpida.
Nada de lo efímero puede acercársele a este duelo.
Nada de lo inmediato ni de lo raudo.
Nueve meses. Nada y todo. Apenas el tiempo de la gestación de esta pena. Toda la hora de parir este dolor. Ya está maduro. Parirlo y acunarlo. Y dejarlo crecer, porque amerita. Así será... cada vez más grande y no a la inversa. Descomunal lamento. Inmenso en medida proporcional a lo inexplicable y devastador de esta ausencia.
Nueve meses. Asisto al nacimiento de este luto. Es el silencio. Es el alumbramiento del alarido silencioso. Y extremo.
Stella
mayo´13

viernes, 12 de abril de 2013

8 meses...


Tiempo lógico... Tiempo cronológico... Tiempo.
¿Será cierto que lo que se necesita es tiempo?
¿Cuál tiempo?
¿El tiempo lógico o el tiempo cronológico?
Entre esos tiempos me debato.

Ahora... hoy... en este momento (12 de abril a las 18.20) hacen 8 meses que la ví por última vez con vida... De alguna manera lo supe y de otra sólo me esperanzaba verla respirar. 
8 meses... Tiempo...




EN EL MÁS LITERAL SENTIDO DE CADA PALABRA

Fue absurdo, irracional, inadmisible, ilógico, desatinado.
Es alienante, horrible, abstruso, amargo. 
Fue incongruente, insensato, abrupto, disparatado.
Es inexplicable, demente, impenetrable, inaccesible.
Fue cruel, despiadado, mordaz, violento, temerario.
Es áspero, increíble, enloquecedor, irritante, repulsivo.
Fue lacerante, indescifrable, desgarrador, insondable.
Es punzante, bravo, insoportable, excesivo.
Fue extraño, desolador, abrumador, desdichado.
Es destemplado, atemporal, penoso, incomprensible.
Fue brusco, brutal, demoledor, extremo.
Es fuerte, desbordante, colérico, devastador, corrosivo.
Fue... hace ocho meses.
Es... loco de toda locura.
Y triste. Honda, infinita, inabarcablemente triste.

(Está en mi)

domingo, 31 de marzo de 2013

Confesión y credo

Hoy, revisando rincones, encontré tesoros... Este es uno:



Para seguir queriéndote
tal y como te quiero
tengo que resistirte.
Aprender a enseñarte
que debés aceptarme
como me conociste,
sin intentar cambiarme
ni un poquito.

Yo tengo estilo propio,
no mejor que los otros
pero yo lo defiendo
como a un bien muy costoso.
Válgante como ejemplo
(aquí te las enumero)
las formas en que siento:

Pongo mucha atención
cuando hay silencio,
y puedo distraerme
cuando me hablan.
Cierro fuerte los ojos
cuando quiero ver claro.
Me incomodan elogios
cuando hago lo que debo
y aguanto que me adviertan
(aunque a veces me duela)
si voy equivocada.

Desconfío de los hombres
que no muestran defectos,
de toda gran belleza
que luzca indeformable,
de los que nunca fallan
un poco en sus deberes,
y alardean de neutrales
de ingenuos e inocentes.

Odio a los que se escuchan
como a un dios a sí mismos
e, indecentes, confunden
lo que es buen amor
con mal equivalente.

No creo en los pecados,
ni en dios, ni en la electrónica.
Creo sólo en el hombre.
No creo en la elegancia,
ni creo en la conveniencia,
ni en todo el que sonríe
queriendo convencerme.

Creo que la conciencia
existe en tanto existe la materia,
y según la materia
es el exacto estado
que alcanza la conciencia.

Aborrezco a los hombres
que se sienten mejores
que el que los acompaña.
A los que dicen ver
mirando de reojo
y creen que sonreír
es enseñar los dientes.

A todas horas siento
que soy mortal y débil
y al mismo tiempo siento
que soy eterna y fuerte.
Aunque camine sola
me siento acompañada
y aún rodeada de muchos
alcanzo soledades.

Creo en la autoridad
que va en mi corazón;
que sólo a mis amigos
les duelen mis errores,
por eso les consiento
que critiquen mi vida.

Creo que el Amor barre
el lodo y la ceniza,
que puede encender fuegos
sobre el viento y la nieve
y cambiarle el futuro
al planeta que pisas.

Creo que mi destino
es nada más que mío
y que debo construirlo
de acuerdo a mi albeldrío.

Creo que la niñez, tan solo,
no merece el presente,
nosotros merecemos
cuando nos roza o hiere.
Por lo que calculamos,
por lo que omitimos,
por lo que intercambiamos
y lo que no pusimos.

No tengo santo
a quien rezarle
y la única virgen respetable
me parece la vida.

Más que nada en el mundo
creo en un gran futuro
sin fronteras,
de una sola bandera
con una sola estrella
con el color teñida
de la  sangre
de mis amados muertos.
Y aunque no la veré
lo mismo creo.

Tan sólo me consiento
sin darme en la cabeza,
mi eterna inocentada
de querer ser poeta
de cara contra un mundo
que aplaude las miserias.

Admito: no tengo alas,
más sospecho que vuelo;
y no tengo divinos
poderes envidiables,
más cotidianamente
yo creo en mis milagros.

De vos, espero todo
lo que te guste darme.
Ni un poco más ni menos,
lo que te plazca, vale.
Sólo una condición
quisiera sugerirte:
que sea tu corazón
como una brecha abierta
al entregarme
los gestos y palabras.
No creas que es
por mí misma,
sólo tu gesto puro
hace que seas gigante.
En cuanto a lo que espero,
esencialmente hablando,
es que tal como soy, algún día,
me permitas amarte.

MARÍA DELIA MATUTE - 1984

Domingo de Pascuas

"La casa está en orden", dirías riéndote... pero no estás y a mí me han tomado los recuerdos por asalto...
Extraño tu casa... pero no tu casa "de Mansilla". Tu casa... esa casa tuya que eras toda vos... que convocaba y acunaba. Te extraño tanto...

Pascuas 2013

En un inevitable paseo por los senderos de la memoria descubro que mis recuerdos de las Pascuas están asociados a mis sentidos. Un mes antes ya empezaba a escucharse hablar, ruidosamente, de la Semana Santa. Para mi padre era imprescindible organizar el encargo del bacalao en la tienda de “los gallegos camino a Alvear” que sin duda alguna tenían el mejor porque sus familiares lo traían de la España misma.
A mí siempre me costó entender el significado de esos días tan raros. El jueves era el más incomprensible. El viernes me metía miedo. El rayo divino te castigaría si comías carne, si tenías malos pensamientos, si no rezabas, si no ibas a la iglesia bien temprano. Me aterraban esas imágenes cubiertas con telas negras que naturalmente me hacía bajar la mirada y no faltarles el respeto… porque eso también podía ser castigado. Durante el tiempo que duraba esa misa me preguntaba todo el tiempo si no estaría yo teniendo malos pensamientos mientras escuchaba los resoplidos entre aburridos y enojosos de mi madre. Años después supe que a ella también la obligaba la obligación de los viernes santos. Lo único que mitigaba tanto miedo era pensar en las deliciosas empanadas de verdura y de pescado que nos esperaban en lacasadela´buela.
El sábado era día de preparativos. Las cocinas familiares derramaban una lujuria de perfumes a buena mesa. En lacasadela´buela todo olía a pescado y pimentón, desde el galpón del tío José llegaba el inconfundible efluvio del hasta ayer pecaminoso jaleo de carnes asadas, en lo de la Julia los jugosísimos pasteles de carne (empanadas fritas, dicen los porteños), en lo la Ana los rosquitos, bizcochuelos y postres y en la mía reinaba el olor a choclo que mi madre desgranaba uno a uno para las humitas. Todo era cocina para que el domingo de Pacuas fuera un perfecto festín de sabores.
Ese día, el domingo de Pascuas, mis hermanos y yo siempre estrenábamos alguna ropa recién salida de la Singer de la mami que parecía tener vida propia bajo sus pies y su mirada…
En este rosedal de mis recuerdos no hay Pascuas sin sol. Todo era luminoso en ese día. Los ojos viejos de mi abuela brillaban de otro modo y toda ella se permitía la ternura. Los rincones de su patio emaparrado eran la guarida de los codiciados huevos de Pascuas que ella misma se encargaba de identificar con el nombre de cada nieto y esconder cuidadosamente. Mis hermanxs , mis primxs y yo fingíamos durante rato no saber dónde estaban y ella fingía que nos creía. En mis años más niños, obvio, la que me ayudaba a encontrar el mío era Delia. Y después, cuando ella, la Delia, se vino a vivir a Buenos Aires, un momento decisivo de la jornada era el horario de ir a la telefónica a hacer el llamado a la Capital. La ansiedad alrededor de ese enorme teléfono negro inundaba en gritos, risas y lágrimas. “Adiós, mi querida hija” decía mi padre en voz baja cuando la horquilla ya había hecho silenciar la extrañada voz de mi hermana; y volvíamos a lacasadela´buela en silencio, disimulando las lágrimas. Bah, ellos disimulaban. Yo hacía gala de mi niñez llorando desbordada.
El día se extendía hasta pasada la cena con trucos de los hombres, quejas de las mujeres, escondidas de las chicas y travesuras de los chicos que hacían enojar a los vecinos. Y la obligada repartija de comida que duraba días.
Cuando partió mi abuela y a los dos años la siguió mi padre costó recomponer la celebración del domingo de Pascuas. Para mi madre era importante y lo armábamos como podíamos. Cuando fueron creciendo las nietas, mis sobrinas, algo de aquel espíritu se recuperó. A falta de patio emparrado mi madre escondía los huevitos en los cajones de su máquina de coser (aquella misma Singer) o entre las cacerolas en los estantes de la cocina. Luego se sumó Baltazar, mi sobrino, y por último Lautaro, mi hijo que fue el que menos disfrutó de ese rito.
Sigo sin comprender mucho qué significan estos días, pero me siguen inquietando como en la infancia…
El año pasado la Pascua fue el 8 de abril y fue el último día que se reunió la familia toda (con alguna -única- ausencia esperada y lógica), pero estuvimos todos. Fue en lacasadeladelia, por supuesto. No fue un almuerzo, fue una merienda. Había comida como para un centenar de personas pero debíamos ser menos de veinte. Estábamos todos y eso nos sorprendía y nos emocionaba. Había un agregado al festejo. Guady acababa de anunciar que estaba embarazada. La presencia de Valentín, Lisandro y Camilo aportó la cuota de niñez imprescindible. Hubo muchos abrazos, risas y lágrimas… Y codiciados huevitos. Como en aquellas Pascuas de mi infancia.
No entiendo muy bien qué significa este saludo, pero lo extraño. Y como siempre es cordial, espléndido y magnánimo desear buenas cosas, aquí va el mío:
¡¡¡¡¡FELICES PASCUAS PARA TODA LA GENTE QUE HACE BUENAS COSAS!!!!!

domingo, 24 de marzo de 2013

24 de marzo sin Delia



Hoy me he pasado el día extrañándola.
Muchos me tildarán de pesada, otros de enamorada del dolor, habrá quien diga "bueh", otros me refregarán que al lado de algunas tragedias mi dolor es naif... habrá quien diga que ya pasó tiempo prudente, y otros que me creo la dueña de la tristeza...
Poco me importa.
Hoy me he pasado el día extrañándola.
Extrañé organizar ir con ella a la Plaza. Extrañé sus relatos de los compañeros desaparecidos, su emoción incontenible al tomar la Bandera, su abrazo interminable con las Madres, sus órdenes y su ternura... Extrañé su presencia en la Plaza, sus dedos en V, su consigna corajuda, su intención de consuelo, su melancólica alegría, su cansancio generoso, su eterna militancia.
Extrañé la charla posterior, su análisis, su balance.
La extrañé hasta estallar en llanto, Y me tranquilizó llorar, porque ella merece que yo la haya extrañado tanto.
Será cierto, tal vez, que tengo facilidad para compartir mis sentimientos. Sólo sé que me sirve esta especie de "diario cibernético" para decirle a muchos que ella estuvo aquí y hoy me duele su ausencia y extraño su presencia como nunca imaginé que podía extrañar... Me sirve porque me gusta la idea de que muchos sepan que la mayor (muy mayor) parte de lo que soy es gracias a esa hermana Mayor... Gran hija, mejor hermana, enorme amiga, leal compañera, comprometida militante, extraordinaria madre, deliciosa tía, sensible poeta, comprometida militante, adorable suegra, impresionante escritora, elevada pensadora, inmensa abuela... Imprescindible ser humano.
Y sí... me entrego al deseo de hablarte en primera persona, hermana mía:
¡¡¡¡TE EXTRAÑO TANTO, PERO TANTO... TANTO!!!!!

miércoles, 13 de marzo de 2013

7 meses sin Delia


Mi abuela, la única abuela que tuve, murió en 1973. Y estalló la familia. "Mi" familia, real o inventada... Indiscutible, indisoluble, indestructible, indudable. Poderosa, numerosa, ruidosa. Esa familia era mi mundo. Todo mi mundo. El Papi, la Mami, el hermano para pelear, la hermana para aprender, tíos, tías, primos, primas, madrina, padrino. Y lacasadelaabuela era (sin dudas, opciones ni cuestionamientos) el lugar para encontrarnos. Allí confluíamos cotidianamente. En lacasadelaabuela se celebraban todos los festejos y se debatían todas las cuestiones familiares. Era el nido albergador.
Mi abuela, la única abuela que tuve, murió el 1º de julio de 1973... Fue la “primera muerte de mi vida”. Y esa familia (indiscutible, indisoluble, indestructible, indudable, poderosa, numerosa, ruidosa), real o inventada por mí, estalló por los aires.
Nos cubrió un océano de secretos bien guardados y traiciones impensadas. Los amados tíos, las maternales tías, se convirtieron en poco menos que enemigos y los primos en indiferentes. Ese océano ahogó a mi padre, que siguió a mi abuela dos años más tarde. Y esa familia indiscutible, indisoluble, indestructible, ya no tan poderosa ni numerosa ni ruidosa, le dio la espalda a mi madre que se quedó en la calle con una hija de adolescente: YO.
Así fue como “la Delia”, que ya vivía en Buenos Aires, desembarcó en el terruño natal para traernos a vivir con ella a mi madre y a mí. Y lacasadeladelia se convirtió en el nuevo nido albergador. Y fuimos construyendo una nueva familia... menos numerosa, menos ruidosa pero tan poderosa como aquella. "Mi" familia. Real o inventada por mí. Y lacasadeladelia era el lugar para encontrarnos. El nido albergador había sido reconstruido.
“La Delia”, la única hermana que tuve (madre, amiga, cómplice, compañera), murió hace siete meses. Fue, es, la“muerte más muerte de mi vida”.
“La Delia”, la única hermana que tuve, murió el 13 de agosto de 2012. Y la familia, “mi” familia (real o inventada por mí), estalló en pedazos.

martes, 5 de marzo de 2013

Nada te turbe...

Mi querido Francisco Pesqueira incluyó a Delia en las dedicatorias de, primero, su espectáculo y, luego, su disco. Yo sé del esfuerzo que Francisco ha puesto en estos dos trabajos... Y sé de su dolor en la gestación de ellos... Por eso le agradezco hondamente su generosidad, su cariño, su recuerdo, su respeto, sus ganas de que Delia permanezca que se unen tan íntimamente a las mías...




domingo, 3 de marzo de 2013

Estúpido poema de soberbia juvenil...

No sé si alguna vez lo leyó... Creo que no...
De adultas, juntas,  nos hubiéramos reído mucho de mi soberbia juvenil... Ahora me resulta una joyita que atesoraré por el resto de los días....




jueves, 21 de febrero de 2013

Con Camilito durmiendo en casa...




Hoy... ahora... en este momento (21 de febrero de 2013), que tengo la profunda emoción de tener a Camilito durmiendo plácidamente en mi cama, vuelvo a necesitar compartir este chacho de historia que resume sintética, pero profunda y sinceramente, algo de lo que fue mi relación con Delia. Ojalá Camilo llegue a saber algún día algo de lo que yo amaba a su abuela... que pueda entererarse que el 90% de lo que soy lo construí con las enseñanzas que ella me propició...:

"PARA QUE SE ENTIENDA:
Delia estaba por cumplir 10 años cuando yo nací. He escuchado a mi abuela y a mi madre contar incansablemente que ella, Delia, me tomó como “su muñeca preferida”. Me cuidaba, me cambiaba, me peinaba, me alzaba, me jugaba, me daba de comer, me paseaba, me amacaba…
Delia estuvo presente en cada acontecimiento de mi vida. En todos y cada uno.
Delia me enseñó a caminar y a hablar. Me enseñó a leer y también me ingresó en el mundo de la lectura. Me llevaba a la escuela y me iba a buscar. En mis terrores nocturnos infantiles Delia todas las noches corría su cama hacia la mía para quedar cabecera con cabecera y nos dábamos la mano por debajo de las almohadas. Sólo así yo podía dormirme. Durante años. Más tarde supe que ella lo hacía para que yo no volviera a dormir a la habitación de mis viejos. Era tan joven y ya sabía lo que era mejor para mí. Y se jugaba por eso. Porque mi vieja decía, “pasamos la cama de “la Stellita” al cuarto nuestro de nuevo y listo, así vos podés dormir tranquila” Y ella contestaba, “yo duermo tranquila con la mano de “la Stella” entre la mía”. Así ayudaba, "me" ayudaba, a que mi madre me "soltara", a que yo "creciera".
Me hizo conocer en forma muy temprana a Los Beatles, a Serrat y a Miguel Hernández. Tuve primera noción de la dimensión del dolor cuando se vino a vivir a Buenos Aires. Yo tenía 9 años y me enfermé de tanto llorar. Y volví a la habitación de mis padres. No podía dormir sola. No podía con tanta soledad. También, luego, fue la dimensión de la alegría cada vez que iba a San Rafael a pasar las Fiestas y me traía con ella de vacaciones a su casa. Me encantaba venir a visitarla. En alguna de esas vacaciones me convenció de que la habitación de los padres es de los padres. Y que los miedos se vencen enfrentándolos…
Delia fue quien me enseñó eso de “hacerme mujercita”, como se decía en aquel entonces.
Me resultó siempre imposible no llorar cuando nos despedíamos. Si era ella la que se iba yo quedaba en el andén llorando y ella desde la ventanilla me sonreía acercándome consuelo mientras repetía abriendo grande su boca (para que yo pudiera leerle los labios): “NO LLORES. NO LLORES”. Y cuando era yo la que me volvía a casa, la situación se repetía “en viceversa”, yo arriba del micro y ella en el andén, con la mano en alto y su boca, sonriendo, moviéndose enorme: “NO LLORES. NO LLORES”. Ni sus promesas de escribirme cada semana (que cumplía puntualmente) me acercaba ese consuelo cuando me despedía de ella.
Con Delia conocí el mar.
Fue ella, también, la que me dio la noticia de la temprana muerte de mi padre. “¿Él está bien?”, pregunté yo desde mi negación de adolescente. Y ella, tomando mi cara entre sus manos y mirándome profundamente como sólo ella sabía hacerlo me contestó: “Sí. Él está bien… Él ya está bien.” Y me abrazó llorando. Esa fue la forma… Esa fue la frase… todavía puedo escucharla. Tenía una enorme capacidad de sintetizar en una sola frase un mundo entero. Eso siempre me maravilló.

Cuando Delia cursaba su primer embarazo tuve sus síntomas. Yo tenía 15 años y a la distancia sentía náuseas, mareos, me paraba con la panza para adelante y la mano sobre el vientre. No sé si eso es bueno o malo. Pero me pasaba. Nos reíamos mucho o, más bien, muchos se reían de mí. Ella me abrazaba y me llenaba de besos.
Delia me trajo a vivir a Buenos Aires.
Con ella y su primera hija bajamos del tren en Retiro, mi madre y yo, cuando decidió ir a buscarnos para venir a vivir en su casa. Eran tiempos negros. Los temibles días de la dictadura. Valiente como siempre arriesgó su vida para protegernos a nosotras que nos habíamos quedado demasiado solitas en la tierra familiar. El 9 de agosto de 1976 , con una inconsciente sensación de exilio, pisábamos el gris anden de la mítica Estación Retiro. Llovía. Y en mi recuerdo llovió incesantemente durante los dos primeros años. Es imposible que eso haya sido así, pero así lo recuerdo.

Delia me cuidó de los milicos.

Mis dieciséis mendocinos años llegaron a Buenos Aires sin entender nada lo que estaba pasando. Y con miedo y en voz baja fue ella quien me develó qué eran la injusticia social, la solidaridad, la generosidad, la justicia, la política, la militancia, los derechos humanos. Su grito era mi grito, su escondite mi escondite, su pasión la mía, sus amigos mis amigos. Sus compañeros desaparecidos fueron, son, mis desaparecidos.

Delia me presentó a las Madres de la Plaza.

Yo hablé durante años por boca de mi hermana. No emitía opinión sin antes corroborar con ella si no estaba equivocada… Durante algún tiempo tuve que trabajar intensamente para separar mi voz de la suya. Y cuando finalmente pude adueñarme de palabras y afianzarme en opiniones, hacer un camino propio, aprender a soportarme, volví a acordar con sus dichos, sus ideas, sus principios. Ya éramos maduras.

Delia me enseño a crecer.

Me costó mucho entender qué joven era mi hermana cuando yo la veía tan grande, grande, grande. Qué joven era cada vez que nació cada una de sus hijas… (con las otras dos también tuve síntomas). Yo la veía tan madraza, tan experimentada. Allí estaba yo mirándola cambiar pañales, dando la teta, haciendo papillas, consolando celos, bajando fiebres, y ayudando a crecer. Para mí Delia siempre supo todo. Y podía ponerlo en palabras sabias con tanta facilidad, con tanta síntesis… palabras que abrazaban, consolaban, calmaban, aclaraban, ordenaban.

Delia me ayudó a decidir tener a mi hijo.

Y también estuvo allí el 12 de julio de 1989 cuando comenzaron mis primeras contracciones. Y allí estaba tocándome la frente cuando me llevaban para la sala de parto y en la habitación cuando me trajeron a Lautaro. Fue ella quien me dijo: “ponelo en la teta, Stella”.

Delia se empeñó en ayudarme a consolar dolores.

Allí estuvo sosteniéndome y secando mis lágrimas cuando sucedió lo de Tobías, mi segundo hijo.

Por suerte también hemos peleado… Hemos desacordado, discutido, nos hemos distanciado. Y siempre nos hemos reencontrado. A veces me sublevaban sus intransigencias. Porque, claro, yo me montaba en las mías. Y después sucedía el abrazo.

Fue Delia, obvio, quien me dijo en un hilo de voz: “la mami falleció, Stellita”. Eso fue hace cuatro años. Y "la Stellita" bajó del taxi y nos fundimos en uno de esos abrazos en los que no se sabía dónde empezaba una y dónde terminaba la otra. Cuando nos miramos éramos otras. Éramos huérfanas... Pero nos teníamos mutuamente.

A partir de ese momento muchas veces sentí que yo era “la mayor”. La más grande. En edad, digo. Más grande que Delia es difícil que alguien sea… Pero digo: ella estaba frágil desde hace algún tiempo y yo quería, necesitaba, cuidarla. No sé si lo logré… Pero sé que lo intenté. Hablábamos todos los días. Todos. “Fundamos” una cofradía con tres amigas y adquirimos el compromiso de escribirnos al menos una vez por día. Todos los días. Será muy difícil, (difícil por decir algo; será devastador), soportar no volver a tener el privilegio y la emoción de recibir sus palabras cada día.
Una dulce sensación, frente a este océano de tristeza, desazón y dolor, es percibir que no nos quedaron cuentas pendientes. Nos hemos dicho todo… o por lo menos todo lo que tuvimos ganas de decirnos. Nos hemos abrazado mucho. Hemos discutido. Hemos charlado. Nos hemos dicho “te quiero” infinidad de veces. Y aseguro que no hacía falta. Nuestro amor era palpable. Pero lo decíamos igual.
Sí nos quedó mucho por hacer: infinidad de cafés, demasiados mates, charlas a raudales, idas al cine, al teatro, salidas con Camilo, salir de compras, ir juntas a un spa, hacer un viaje, incontables chismes, excesivas risas… Envejecer juntas, como solíamos prometernos.
Voy a extrañarla hasta lo inimaginable. Hasta en mi último aliento… Ya la extraño. Hace días que la extraño. Que la necesito. Como aquellas noches que corría su cama para darme su mano por debajo de la almohada…
Me consuela un poco, pero sólo un poco, saber que ella no sufrirá este dolor que estoy sufriendo, que no será atravesada por este agujero feroz que me deja sin pensamiento, que no quedará ausente de tanta ausencia… “Vos tenés el deber de morir después que yo”, me dijo alguna vez hablando de la muerte, “porque soy la mayor, y porque no soportaría tanta pena, no vine preparada para eso”. Ella… que parecía preparada para todo. Lo que no sabía, y se fue sin saberlo, es que yo tampoco. Yo tampoco soporto esta pena. Yo no soy fuerte… nunca lo he sido. Era fuerte porque la tenía a Delia. Ahora que no está sólo un suspiro puede derribarme… Y no tengo su palabra para que me diga cómo evitar ese suspiro…

Delia murió el 13 de agosto de 2012. Murió. ¿Murió? ¡¿Cómo es posible?!

En fin… que estoy deshecha. En el sentido más literal y exacto de la palabra. Des-hecha. Deberé empezar a rehacerme sin Delia. Sin su enorme asistencia. Sin su omnipresencia. ¿Cómo se hace? ¿Por dónde se empieza? No sé… no sé cómo será la vida sin Delia.

Stella
(Con real, profundo, extremo, irreversible, dolor en el alma)
Agosto 15, 2012."


Ojalá que desde ese lugar que hoy ocupa permanente en mi corazón, me enseñe, algún día, también a ser una abuela que se acerque a esa dimensionalmente extrema que fue ella.

jueves, 14 de febrero de 2013

A María Delia / de Miguel Polizzi



Te inundaba toda el alma
te abrazaba todo el fuego
no te calmaba tnta agua
y te dolía tanto acero.

Te encallaba tanta arena,
te agitaba tanta piedra,
tanto barro, tanto encierro.
Tantas bocas, tantos dedos,
tantos gritos, tantos pechos
azotados,
tantos pudores maltrechos.

Te calmaban libertades,
encuentros,
justicias, abrazos, heridas cerradas
amigos, poemas y cuentos.

Te llenabas de sol
al tiempo que una estrella
anidaba tu pecho, en un mitín,
estallido o huelga,
estabas allí, peleando con ellos.

Te adivino en un astro safiro, ostra,
canto de piedra, junco, camino, rama,
luna o cerezo.
Viajando en partículas cenicientas
con el viento libre
y posándote en estos y en aqeullos,
contagiando tu sed, tus panes,
tus luchas, tu abrazo fraterno.

Te imagino tan hincada,
tan piedad, tan dulzura
por los que sufren el deterioro
de sus huesos lacerados,
humedeciendo sus frentes marchitas,
plantando retoño de flores
en los orificios que dejó el tiempo.

Entonces estarás siempre presente
cuando llegue la era
de los gritos libertarios,
de los cielos perfumados,
los abrazos, los lirios y los besos.

Buenos Aires, 14 de febrero de 2013
Miguel Polizzi.


Vete, vuela... (de Miguel Polizzi para María Delia)



Vete, vuela, esparce tus fragancias por el viento, por tu dulzura madre con aromas de trigo recién segado, tus dedos, tus pequeños dedos se unirán nuevamente penetrando en la argamasa amasando, moldeando con el cuerpo, la palabra a punto, convirtiéndolos en panes, repartiendo y compartiendo así eternamente.
Vete, vuela, únete a quienes han sembrado la semilla, preparando la tierra, que se haga fértil, cosechando el cereal, convertirlo en harina de justicia, trabajo, igualdad, lucha y esperanza.
Vete, vuela, recoge el agua abundante para la mezcla con esa harina, agua purificada, exgtraída de la cuenca de los mártires, torrentes de lágrimas vertidas de y por los desahuciados  humillados, los negados al pan, los torturados, los que siguen buscando sus tumbas, lágrimas, muchas, para nutrir la masa, moldear, armar el bollo, sólido y parejo, suave y vigoroso y esa pizca de sal necesaria que todo pan militante necesita para resistir: humor y alegría.
Vete, penetra en los ríos y mares, acúnalos con tus poemas, muéstrales tu espíritu guerrero, herencia de sus luchas, a los que están enredadaos entre caracoles y algas marinas, ilumínalos con tu sonrisa franca, hazlos visibles entre tanta oscuridad, para que encuentren el camino de la muerte digna. Vuela rasante, socava la tierra parte a parte y recoge los huesos diezmados para que se reconozcan. Tú, que has hecho de la dignidad una banderay un camino, que le diste a la equidad una balanza revolucionaria,. al valor combatiente la poética negada, a lo solidario el que hacer natural de la acción cotidiana, y a la simpleza del vivir lo extraordinario de tu ser.
Serás la elegida para besar esas nobles calaveras de Hernández y con tus poemas cálidos, dolientes y combativos, desamordazarlos y regresarlos.
Y tú, que con paciencia fuiste moldeando esos panes diarios, no pudiste frenar esa ebullición interna y estalló dentro tuyo la revuelta, el combate, esa pasión, ese desenfreno, esa contención acumulada, ese estallido fatal, te derrumbó.
Pero fue irreal, como la noticia de lo evidente, tu cuerpo pequeño, de liviana anatomía quedó suspendido así... entre notas musicales, la voz de Violeta, de Víctor, de Alfredo te envolvió y un aura de amor destelló poéticamente.
Desolados, despojados de tí, buscamos desesperadamente tu presencia rota, imágenes, fotos, momentos se agolpan en la memoria a borbotones, te necesitamos viva! Tus manos sensibles, frágiles, los dedos pequeños, con el infaltable cigarrillo, tus dientes, tu sonrisa amplia, diáfana, los ojos grandes de infinita bondad, humildes o apenados, perplejos o furiosos, el andar cadencioso, casi angelical, inteligente, firme, apasionada, inquebrantable... pero mi muy querida compañera, amada amiga... sin perder tu ternura... jamás!

...porque la pena tizna cuando estalla
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno

...a las aladas almas de las rosas
del almendro de nácar te requiero
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañera del alma,
compañera!

(sic)

Miguel Polizzi


martes, 12 de febrero de 2013

6 meses. Medio año. Ya.

Tanto dolor se agrupa en mi costado, 
 que por doler me duele hasta el aliento. 
Miguel Hernández 

“¿Estás un poquito mejor?” ... me preguntan con marcada buena intención, como si eso fuera posible.
Y yo sonrío, pongo mi mejor mirada social, cuelgo mi sonrisa en el perchero de lo correcto y apretando el “on” de las respuestas automáticas, contesto un: “Sí, sí... estoy como voy pudiendo”.
 Mientras, “¿Por qué tendría que estar mejor?”, pienso…, “¿porque pasaron seis meses?”, concluyo...
¿Será ese el parámetro de tiempo que se considera el necesario para empezar a mejorar? Pues no es el mío. Sino más bien todo lo contrario.
“Estoy seis meses peor” me digo, intentando evadir el alarido.
La tristeza tiene mala prensa. Entonces, es mejor sonreír y permitir que piensen que “estar como voy pudiendo” es estar un poquito mejor. Cuando lo íntima e infinitamente cierto es que cada día estoy un poco más triste, algo más desesperada, bastante más angustiada, y enloquecidamente más cerca de lo insensato. Con muchas más ganas de verla, de escucharla, de abrazarla, de "desenterrar su noble calavera", como canta el poeta.
A medida que pasa el tiempo entiendo menos, acepto menos, y me resigno cero. Ahogo en la almohada un inútil gemido primal que machaca por qué por qué por qué...
Y vuelvo a mirar las fotos, a revisar agendas, a leer notitas, poemas, cuentos, a desempolvar videos, a repasar conversaciones, a buscar recuerdos en los rincones imposibles con desesperado propósito de recuperarla...
Un ratito, por favor, un ratito.
La convoco en sueños y la veo del otro lado del horizonte; cuando está por decirme algo pasa un avión y no me deja escucharla; cuando la alcanzo en una calle no es ella; cuando estoy por abrazarla me despierto...
Seis meses, medio año, toda una vida sin Delia. Esta vida de seis meses y toda la que vendrá... Seis meses, medio año. No. No estoy un poquito mejor. Estoy seis enajenados meses peor.


lunes, 11 de febrero de 2013

Su último cumpleaños...

Esto le escribieron en su muro de facebook en su último cumpleaños...





Hermana, paso por acá y te dejo un recuerdo a modo de regalito. Y un deseo profundo: ¡QUE TENGAS MUCHOS, PERO MUUUUUUUCHOS, MOMENTOS DE FELICIDAD! Que sean más que los otros. Te quiero. Tanto tanto.