Sin embargo junio, mes de su comienzo, llegaba en mi vida de antes con sabor a alegria y a festejo. El 6 de junio era el cumpleaños de Delia. 6 del 6. Hasta su fecha tenía poesía. Hubo un cumpleaños que para mi fue pura magia. El 6 del 6 del 66. Yo tenía 6 años y todo eso me parecía un buen presagio para mi hermana. Así de tonta era yo de niña. Y nada ha cambiado demasiado. Ahora ando buscándole señales a la sin razón. Hoy hubiera sido el cumple de Delia. 6 del 6. Y ella hubiera cumplido 66 años. Y la estúpida muerte nos robó esa posibilidad.
Sigo sin entenderlo. Sigo sin aceptarlo. Sigo sin digerirlo. Aunque crean que exagero la pienso cada noche y cada mañana cuando despierto con la sensación de haber llorado y sé que es porque he soñado sin ella. La extraño cada hora y la invoco en cada hecho. Me cuesta el camino sin ella. Me cuesta junio y el invierno es bastante más frío desde temprano aunque se demore.
Ya sé que tengo que celebrar haberla tenido y haberme tenido en ella. Pero el 6 del 6 tiene ahora un color tan distinto. Un sabor tan amargo...